Cazadorenlaoscuridad

Uncas de La Lobera es tu verdadero nombre.

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Uncas de La Lobera, así es como te llamé en honor al joven Indio de «El último mohicano» y el Campamento que había montado a trescientos metros de donde naciste.

 

La selección.

Mucho me costó elegir de entre los cuatro «perretes» de la camada al cachorro que un día se convertiría en mi compañero y amigo. Para amigo vale cualquier perro pero para hacer un binomio predador has de ser cuidadoso en tu elección.

Por eso gasté mi escaso tiempo y la paciencia del dueño de tu camada para decidirme por ti, el mejor candidato para vivir y cazar.

Uncas de La Lobera/Mis perros/cazadorenlaoscuridad

Llegaste a «La Lobera» entre los infantiles y tiernos brazos de quién en un futuro llegaría a ser tu verdadero dueño. Siendo apenas una bola temblorosa bajo una blanca piel remendada. Recuerdo como buscabas nuestro cariño y nuestra compañía pero sin  miedo a quedarte solo.

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Primeros pasos.

Poco tardaste en morder plumas, tu cabezonería por ellas me hizo presentir tu tenacidad. Tan grande como la mía y presagiar tu calidad como cazador. Se necesita tesón para cubrir las laderas y asperones de nuestra sierra. Allí donde otros ni siquiera piensan llegar tú y yo andaríamos por casa.

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Crecíais casi a la par, tú por especie mucho más rápido pero ambos aprendisteis el uno del otro. Mucho te quería cuando lo volcabas de un golpe “panzarriba” en el suelo en tu alocada carrera. Su cuerpecillo de niño aguanto unos cuantos porrazos. Mientras sus Padres sufríamos esperando que crecieras rápido para evitar tales percances.

 

 

 

 

 

JuntosUncas de La Lobera/Mis perros/cazadorenlaoscuridad derribamos las invisibles murallas que separan nuestras especies para unir los puentes que las unen. Creamos un solo predador de seis patas, nariz prodigiosa, cerebro humano y escopeta. Todo cargado de mucho instinto.

Casi un año de trabajo diario para ponerte a punto y fundir nuestro entendimiento. Fue una delicia ser tu Maestro y aprender de ti al mismo tiempo.

 

Uncas de La Lobera, tu debut.

Memorable aquella Media Veda, yo que compré unas cuantas de jaula para ensayar la caza real pensando que no habría codornices salvajes.

Fue entonces cuando aprendí que las a las codornices les sobra comida y les falta cobertura. Aquel año las lluvias tardías tras la siega llenaron los rastrojos de carrizos y estramonio.

Las codornices al tener la cabeza bien cubierta criaron por dos veces cogiendo tú a diente varias de ellas los primeros días. Algunos pollos «pelones» también los dejamos volar y  crecer por ser presas demasiado fáciles.

Aquel fue sin duda nuestro año, cuando terminabas con el rastrojo te metías en las pipas para sacarlas fuera y hacer así una percha más que decente.

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La veda general.

Tras el verano vinieron las perdices, la cosa se complico bastante. El paisaje cambió y se hizo más tupido e inhóspito para un joven perro que vivía en la ciudad.

Pero tu calidad y valentía se unieron a mi deseo por formar un equipo casi perfecto. Durante varios años cazamos las perdices siguiéndolas hasta los confines de nuestra sierra.

Después fueron tan escasas que mi ética y el amor que siento por aquellas tierras me impidieron seguir cazándolas.

Ni tu ni yo vamos a ser cómplices del exterminio de la caza menor.

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El desastre.

Llegó cuando estabas en tu mejor momento al desastre de la escasez de caza menor llegó el de tu salud.

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El maldito Flebótomo inoculó el puto protozoo en la nobleza de tu sangre. Llevándote hasta el umbral de la vida y arrancando la alegría de nuestra familia.

Sufrimos lo suyo, tu más que nadie pero al final ganamos la partida le enseñaste las pelotas a la parca y aprendió quien seguía siendo el «puto amo».

 

 

 

 

 

El nuevo.

Lo que tu consideras manada y nosotros familia creció para acoger a ese chucho alargado, paticorto, maloliente y cabreado. Ese que te sacaba de tus casillas aunque de sobra sabes que hubiese dado la vida por cualquiera de nosotros incluyéndote a ti.

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Uncas de La Lobera/Mis perros/cazadorenlaoscuridadEl te enseño que no eras el único y eso debió joder a tu perruno ego. Pero también te mostró que la valentía y el tamaño no siempre van cogidas de la mano.
Gracias a él perdiste el miedo a esos enormes seres cargados de carne que cazamos cada vez que os dejamos por la tarde en el coche.

 

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Uncas de La Lobera, tu nueva vocación.

A oscuras en las profundidades de las noches serranas cuando conseguimos abatir uno de ellos y tú le muerdes con ganas.

Insistes en la herida para «apañarte» algún pedazo de carne prohibido. Nos miras con el morro ensangrentado para pedirnos aprobación y aunque no te la demos estamos igual de orgullosos de ti amigo.
Ya has mordido unos cuantos y los has reconocido como tus presas.

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Incluso por el día los buscas, levantas y persigues si se da el caso de «echar un gancho». Dando muestras de tu excelencia y una gran lección a todos aquellos que alguna vez se hayan burlado de tu «sinraza» o tu mezcla de castas y estirpes.

Llevas un nombre largo porque te lo mereces, te lo puse con orgullo y nadie va a arrebatarte lo que te corresponde por derecho.
Este eres tú «Uncas de La Lobera» aunque ya lo sabías he querido reflejar en estas líneas que jamás leerás lo que significas para mí y los míos, para tu familia, para tu manada, para tu Clan.

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Tu futuro.

Ojalá y vivas muchos años con nosotros porque cuando te vayas dejarás un vacío imposible de llenar. Tanto como el que ha dejado el pequeño Aquiles y que te ha pasado el testigo de perro rastreador.

Mientras   tanto «Uncas de La Lobera» seguiremos cazando palomas en las empinadas cuestas donde nadie llega, allá donde solo suben los como tù y como yo llevamos la caza en las venas.

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