Primitivo, Atávico y Auténtico

Tarde de Palomas junto al Río

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Sábado 6 de Septiembre de 2014, 17,35 p.m. 45º.
Un pueblo Cualquiera de la Serranía.

Tarde de palomas.

Mientras el grueso de la escasa población local todavía descabeza su siesta española. Yo preparo una de mis últimas cacerías de esta Media Veda. Una tarde de palomas junto al río Júcar.

Tras las fiestas patronales los veraneantes que se acuerdan  del pueblo una semana al año partieron dejando las calles vacías de ruidos y voces. Cosas que un tipo poco sociable y huraño como yo agradece bastante.

 

La mejor época del año.

Este año he procurado coger mis escasos días de vacaciones procurando la mayor tranquilidad para desenvolverme a mi antojo.
Las inexistentes codornices son cosa del pasado, exiliadas por las agresivas y masivas técnicas agrícolas. La recogida de grano y paja han terminado con sus polladas. Sus milenarias querencias y su enorme paciencia.

Tras ser engullidas por las maquinas año tras año, despojadas de toda cobertura vegetal alimenticia y protectora nos han dejado con razón. Lejos quedan ya los años de patear rastrojos «A rabo» de nuestro perros aguantando calores y los picotazos de los insectos más  voraces del estío. Más lejos aún la carrera siguiendo el rastro por las «carrilás» de paja, la muestra boqueante y ansiosa. Los perros esperando la orden y pequeño estallido a ras de suelo de paciencia, valor y plumas pardas.

<Que bien lo pasamos Uncas el verano de tu debut con mas poco de un año. Recuerdo cada una las muestras, los vuelos, las abatidas y las escapadas de aquella temporada. El cabreo que cogí cuando te comiste una y el poco grato remedio que puse a tu torpe atrevimiento> .

 

Por suerte las poblaciones de Torcaces han crecido en los últimos años y no es raro verlas. Por el monte, las siembras, las urbanizaciones y las afueras de los pueblos. Enormes y duros pájaros que se adaptan a la gente sin perder su salvajismo y belleza. Siempre me gustaron estas palomas por su bravura, su dificultad, además de su sabor recio y montuno.

Hace varios años ya que disfruto del difícil reto de darles caza en su terreno que por suerte también es el mío. Unas veces «al salto» y otras «en puesto» recorriendo las crestas de las lomas o alamedas de los ríos. Siempre cobijado por las sombras de los árboles.

 

Escalando hasta el puesto.

Hoy tras la copiosa comida y sobremesa prefiero aguardarlas tranquilo. Sabiendo que tampoco darán muchas opciones a estas alturas. La mayoría ya conoce el trajín de la gente a ras de suelo y el mortífero estruendo de las escopetas.

Tarde de palomas/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Subiendo al puesto «ojo avizor».

La subida es dura por lo escondido y escarpado del terreno pero la belleza del paraje compensa de largo el esfuerzo. Además de que no entiendo una cacería sin algún sacrificio. Conviene retirarse a los lugares más recónditos y menos castigados del coto.

¿En que queda una cacería si además de cazar poco lo haces a cien metros del coche

Una vez colocado las vistas son espectaculares, llenando ojos y espíritu con semejante espectáculo. Ya tengo la enorme sensación de haber cazado algo, ha valido la pena el esfuerzo. Podría pasarme la tarde entera contemplando el paisaje más cercano o la ingrávida y difusa línea  del lejano horizonte.

Tarde de palomas/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

La vista desde el puesto.

Tarde de palomas/A pelo y pluma/CazadorenlaoscuridadEl puesto.

Desde mi atalaya, perfectamente camuflado con la vegetación que me rodea, acecho en silencio a las aves.

Bajo el todavía ardiente Sol Septembrino espero la ascensión de los pájaros al retornar a sus dormideros situados a mi espalda.

Una vez saciados sus buches y echada la siesta, beben un trago de agua y comienzan a volar pesadamente buscando ganar altura.

Allí las espero entre  la hojarasca, al abrigo de las sombras de los robles, esperando pasar desapercibido a su aguda vista.

Siempre cazamos juntos.

Con la inestimable compañíaTarde de palomas/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad de mi amigo de cuatro patas y un corazón tan cazador como el mío. Aguanta el calor con gusto y espera ansioso escuchar el seguro del arma cuando lo quito.

 

Para él señal inequívoca que el disparo está a punto de romper la calurosa calma de la sierra. Muchas veces en su desasosiego y afán de controlar su vuelo y caída se pone al descubierto y las espanta llevándose una bronca que lo retorna a su lugar de espera.

Si hay suerte y hacemos chicha sale como un cohete y no cejará en su empeño hasta atraparla y traerla por difícil que este la situación. El fondo de un barranco o el espeso aliagar son para él ínfimos obstáculos.

El cielo esta tarde parece un desierto palomero. A pesar que el aire se ha moderado y se ven bastantes. Pocas se acercan a mis querencias por no decir ninguna. Las que lo hacen vuelan tan altas que ni siquiera las apunto. Las que entran a tiro lo hacen tan rápido que de no asegurar mínimamente el cobro tampoco les disparo.

 

Tarde de palomas/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Impresionante vista del cielo.

Una postura para Veteranos.

Puede parecer sencillo verlas venir pero estando tan tapado muchas te sorprenden volando bajo y ni siquiera tienes tiempo de apuntarles.
Atrás quedaron los juveniles días de ansias y tiros imposibles que hieren más que matan o matan sin cobrar. Cazo para disfrutar y para comer no para dejar heridas ni muertas.

Una paloma mal plomeada recorrerá una distancia considerable y una vez perdida de vista es muy difícil encontrarla. Siempre terminas buscándola donde no está. Incluso para el fino olfato de Uncas será inútil si no la vemos caer y no encuentra un mínimo rastro que seguir.

Espero y no desespero, sin ningún ansia por tirar sin prisa por que termine la tarde. Sorbiendo todos y cada uno de los aromas y sonidos que de los minutos del campo brotan. Disfrutando de la brisa que en estas soledades gana la batalla al mismo Sol.

Los guardaré en la memoria muchos días. Incluso cuando ya haya vuelto a mi residencia más habitual. A mis quehaceres y mi trabajo. Permanecerán conmigo allí donde vaya.

 

Pájaros de aquí y allá.

Me deleito con las evoluciones de los pasajeros y multicolores abejarucos que anhelan ya comenzar su viaje. Con el canto de las fugaces oropéndolas semiocultas entre la chopera del río. Aviones, golondrinas, vencejos y demás pájaros veraniegos. Ya sienten su interno y misterioso ardor que pronto los hará retornar a sus cuarteles de invierno. Desde aquí abajo se les nota cierta desazón en sus planeos. Un pálpito interno por emprender viaje.

También escucho al grotesco y alarmante arrendajo que alerta el monte con sus chillidos. Las risotadas de las abundantes urracas poniendo la nota musical a este bonito paisaje. Estos son los de aquí los que conozco todo el año. Los que me saludan también en las brumosas y gélidas mañanas del mes de Enero.

El Sol casi toca con la punta de sus dorados dedos las cumbres de las lejanas montañas que a modo de garabato perfilan el horizonte. No ha habido suerte y el día va encaminando su fin. Cambio mi puesto cien metros más abajo. Más por las vistas que por la esperanza de ver alguna paloma que cruce a una altura decente.

Tres cuervos sobrevuelan mi paso con aleteo cansino y uno de ellos se acerca hasta donde estoy, viene seguro sin desconfiar lo más mínimo. Planea y se pone a escasos quince metros hasta que me ve, le hago un «visage» chistoso y da un «rabotazo» asustado. Por suerte para él los cuervos me parecen simpáticos y beneficiosos para el campo siempre que no haya exceso.

Por estas latitudes de momento se mueven bastante y no hacen daño. Ha caído en el engaño de mi camuflaje y me ha entrado a «cascoporro». Espero haberle dado un buen susto y así tendrá más cuidado la próxima vez. Si entra en el puesto de otro quizá no tenga la misma suerte.

 

Lance junto al Río.

Diez minutos después la veo, es grande por lo tanto vieja y sabia además de que vuela en el límite del tiro así que no hay cabida para ningún fallo. Dudo por un momento pero trazo la imaginaria línea que de cruzarla sin variar trayectoria pondrá en marcha mis sentidos y dejarán que mi instinto obre a su antojo con todo lo aprendido para darle caza.

La cruza, elevo la escopeta fluida, lentamente y cojo el  diminuto punto de su cola para no dudar. Vuela altísima pero confío en mi pericia y en el entrenamiento. Con las ocho cajas de cartuchos que llevo tiradas hasta hoy. La sigo y con un suave tirón corro la mano al tiempo que disparo para dejar la suerte echada. Justo la pierdo de vista tapándola con el cañón al retroceso. La veo caer como un trapo derecha al profundo barranco que está a mi izquierda.

Cae durante una eternidad, mentalmente calculo que volaría por encima de los sesenta metros mas los treinta que tiene el barranco el pelotazo será de órdago y el desplume asegurado.
-¡La madre que la parió!- Se repone y hace alas, va clavada pero su fortaleza la desvía hacía el monte de mi espalda lejos de mi vista.

Uncas sale detrás de ella y tras cuatro o cinco angustiosos minutos la cobra sin mucho esfuerzo, la trae de bien lejos. Con su jadeante boca llena de plumas me la entrega y yo emocionado la tomo sin apartar la vista de sus  bellos ojos color de miel. No puedo hacer otra cosa que inmortalizarme con él. Para compartir la grandeza de este difícil y bonito lance.

Poca barrera supone la diferencia entre hombre y perro cuando unen sus instintos en la caza. No tengo dudas que sus sentidos y emociones deben ser las mismas.

 

Tarde de palomas/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Un lance inolvidable conviene ser inmortalizado.

 

Otro día, más.

Ya tenemos bastante por hoy, la tarde se muere y la garganta reclama líquidos que en este bello paraje no voy a encontrar. Mi mujer me espera para tomar unas cervezas. Sin duda serán el mejor colofón que puedo ponerle a la tarde. Es el momento filosófico del día y da para mucho. Tanto como para pensar que aunque fuera millonario dudo que pudiera ser más rico.

A pesar de la escasa percha de la tarde el balance total no es malo en capturas, y en disfrute mucho menos. Un año más hemos gozado de las delicias de esta bonita y rústica ave. Gracias a su abundancia cazamos jornadas enteras en montes de paso y las siembras donde comen. Sin remordimiento de hacer daño a la especie más bien con la sensación de ayudar al agricultor.

Tarde de palomas/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Percha de una tarde.

Y disfrutado de las delicias de su recia carne convenientemente preparada para deleite de nuestros sentidos. Vista, olfato y gusto han sido protagonistas de exquisitos platos preparados a leña.

Tarde de palomas/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Sofriendo palomas para el arroz o el escabeche.

Así que nos vamos a refrescar el gañote y descansar piernas y patas que por hoy «ya está tol pescao vendío».
Y quizá mañana sin prisas ni ansias ya echemos otro rato bueno, sin más pretensiones que la de disfrutar.

Tarde de palomas/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Acabada la Caza, recogida y a casa.

 

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