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La charca Mágica.


Suena la alarma del móvil para arrancarme de mi sutil duermevela mejor llamarlo así que profundo sueño , una piara de cochinos gruñendo y hozando en un virtual cebadero me devuelve pronto a la dura pero irrenunciable realidad. Me levanto sin prisa , hoy toca corzo y voy a intentar esperarlo en las siembras donde  hace poco me descubrió a pocos de metros de darle caza.

Pocas esperanzas tengo al llegar al puesto, a estas alturas esta el coto carrileado,  pisado y repisado pero con estos duendes nunca se sabe. Hace mucho que no saco mis instintos predadores de su letargo y el lobo que en mi alma mora aúlla fuertemente pugnando por salir , dándome a entender que no está dispuesto a conformarse.
La mañana se abre espléndida ante mis ojos , todavía entre dos luces los primeros cantos de los madrugadores pájaros me reciben y recuerdan que vuelvo a estar en casa. Me coloco a la orilla de una siembra enteramente camuflado como un enorme camaleón y de camaleón han de ser mis movimientos si no quiero ser descubierto , al frente tengo un amplio tiradero y una hermosa vista.
Este año ha sido pródigo en derramar generosamente miles y miles de litros del liquido elemento que viene a ser como la sangre de la tierra, a juzgar por la facilidad que tiene para colmarla de vida su piel cuando esta se halla reseca. Así se encuentra el campo de verde , el monte rebosa plantas de todos los tamaños y formas que hacen las delicias de los capreolus mientras que las espigas expuestas a la impiedad de Lorenzo se hallan en este tiempo más que agostadas ,temblorosas y a la espera de la monstruosa y satánica maquinaria que vendrá a decapitarlas sin piedad.
Visto lo visto y creo que sin ser visto sobre las nueve de la mañana ,después de haber cambiado suelo por catre y usar una piedra por almohada ,tras haber descabezado un par de sueños mucho más reconfortantes que la noche entera , decido levantar el sitio a la cebada “sin ver rabo” y dedicar la mañana a cosas de mayor provecho.

Por la tarde tras la siesta , la merienda y el café acompañado de mi sufrida esposa me dispongo a partir , al salir fuera el calor me propina una brutal e inmerecida bofetada  que me hace desear la llegada de la noche. Las gallinas mejor adaptadas que yo no dan ruido alguno , agazapadas bajo el remolque esperan pacientes la caída de la tarde para asomar el pico. Me despido de mi mujer intentando convencerla de lo necesario de mi marcha , en vano por supuesto porque se hará la tonta pero de tonta no tiene un pelo.
Llego medio asfixiado al puesto de la “La charca mágica”, el paraje más importante del mundo para mí , allí me consagré como cazador de mayor apadrinado por otro cazador de menor de lujo. Mi hijo aunque pequeño de edad grande muy grande en corazón y de valor sobradamente demostrado.
Son las nueve de la noche y el sol aún está presente , los molestos mosquitos zumban alrededor pese al repelente y a la cambiante brisa que amenaza con dar al traste con mi cazata, pero hace falta algo más para desanimar al corazón del lobo.
El arroyo tributa el agua a chorreones sobre la cenagosa charca , mi oído izquierdo lo acusa , aquejado de un permanente pitido llamado acufeno. La melodiosa la caída del agua a tan corta distancia se unen junto a los raudos vencejos que pasan sin verme , a punto de rozarme para atrapar un insecto tras otro y así librarme de su ingrata presencia –<¡Que se jodan!> -Animo muchachos , no dejéis uno.
Los últimos acontecimientos personales y laborales me tienen algo soliviantado, la caza y el entrenamiento con mi arcaico arco de poleas consiguen distraer mis pensamientos pero hoy estoy especialmente melancólico. Además de que mi mente inquieta y creativa está urdiendo una serie de artilugios y relatos al mismo tiempo formando una compleja amalgama de ideas que van y vienen recurrentemente causando un desasosiego un tanto irritante. Me resulta difícil concentrarme en la espera por eso decidido conducir mis pensamientos hacia otros derroteros más lúdicos y menos trascendentales. Asuntos con los que normalmente piensa cualquier cuarentón heterosexual y de izquierdas que desprecia el futbol que vive para cazar y caza para vivir:
…¿Existirán los marcianos…me picará una víbora yendo de caza…¡Uy! Un avión , allí arriba en “casadios” , se le ve la panza…¿Llevarán ropa interior la azafatas?…Mira tú que si me abducen y se lían a hacerme pruebas…si me pica me hago unas cuantas rajas superficiales como hacían los vaqueros de las películas…¿Por qué no harán los suelos de los aviones de metacrilato como la panza de los barcos para ver el fondo marino?…Que me pinchen con agujas tiene un pase pero como intenten hacerme una colonoscopia me lío a hostias y dejo los marcianos con menos dientes que una gallina…Hay que ver lo rápido que se ha secado el matorral este año sobre todo las aliagas. Y lo rápido que crecen allí mismo en el paso del guarro acaba de salir una que hace medio minuto no estaba. ¿Se mueve?… si , aliaga no es , una zorra…bueno me puede rebajar en 30€ el cartón del año que viene…-¡Joder que no , que es un jabalí¡…pero es muy pequeño…no es mediano ,¿no será una hembra con rayones?…no , ¿un colorao?…pues no que renegrea bastante luego se puede tirar.
¿Será posible? Tantos años sin ver pelo y ahora cada dos por tres o me entran o por lo menos los veo será que estoy aprendiendo.
-<¡Que bonito es!>-, como se mueve cautelosamente busca las almendras que arrojé esta mañana cuando vine a estudiar los rastros , baja la cabeza lo cual me permite levantar el arma y mirarlo a través del visor , no puedo dejar que se acerque más o corro peligro de ser delatado por la brisa traidora.
Los quince segundos siguientes fueron decisivos ,el animal vuelve a avanzar unos metros y a detenerse , centro la cruz en su frente pues lo tengo de cara, el tiro es complicado por la pequeñez del blanco pero mi confianza en el arma y mis templados nervios ayudaron a mis dotes de aceptable tirador. Disparo cuando la cruz en su preciso oscilamiento estaba a punto de volver a cruzar su frente, tras el coceo del arma recuperé la vista sobre el animal pude ver claramente que sus orejas habían desaparecido y en su lugar se retorcían sus negras pezuñas.
Dos saltos mientras mis manos alimentan con el cerrojo la recámara del rifle con otro cartucho y me hallo junto al finado suido que tras dos patadas acaba por entregar la cuchara. Una mirada de compasión y admiración a la bestia posando mí mano sobre su lomo comienzo a murmurar mí personal letanía:
–Perdona hermano jabalí ,perdona por haberte quitado la vida , por haberte arrebatado el aliento y librarte de la carga que supone el andar de aquí para allá buscando tú sustento. Pero no estés triste porque cuando tu piel y tus huesos no sean más que despojos , cuando tus huesos se ennezgrezcan y ya no te sirvan para nada tu oscura y sabrosa carne alimentará a mi hijo. Tendrás el honor de nutrir a un gran cazador que aunque pequeño guarda en su pecho un gran corazón de lobo.
Es lo más cerca que he estado nunca y estaré de profesar religión alguna.
Diez menos cinco , el lance aunque satisfactorio ha sido un tanto desangelado me hubiera gustado disfrutar más de la noche, de las evoluciones del animal y darle alguna oportunidad más. Pero las circunstancias son las que son y la realidad se impone ,el tiro por el contrario ha sido impecable y lo más importante de todo es que el guarro no se ha ido pinchado ni se ha enterado de su mala suerte. Sacar el bicho sin ayuda va ser un esfuerzo considerable , pero estoy acostumbrado a arreglármelas solo y con la adrenalina del momento cualquiera me para ahora.
El cochino hace compañía a mi perro en el maletero que aunque no le teme tampoco se fía nada del nauseabundo animal , mejor no sea que un día le dé por hacerse el valiente con uno y acabe por costarle demasiado caro. La llegada a casa y la cara de mi chico es un poema digno de ser narrado por un escritor. La cantidad de baba que le cae a este padre es para hacer unas fotos.

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