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Cartas a un matarife con la suerte acabada.


CARTA PRIMERA.

En que poco te has “quedao” gañan, como se te ha vuelto la tortilla. Estás en el último sitio donde esperabas acabar el día cuando te levantaste esta mañana y saliste al monte para hacer tus fechorías. No te lo esperabas, para ti era una más entre muchas de las que te habías escapado con más o menos suerte. Lo tenías todo preparado, pensabas que nada podía fallarte y sin embargo en tu tremenda prepotencia no reparaste en que alguien podía ser más avispado que tú. Alguien a quién no debes dinero porqué jamás confió en ti, ni has estafado últimamente pero que ya estaba harto de soportar tus fanfarronadas, crueldades  y bellaquerías.

Te preguntarás como he conseguido hacerte llegar esta carta. Fácil uno tiene contactos en muchos sitios y con mucha clase de gente que le conocen  y le aprecian porque siempre anda de cara. Sin chanzas ni trapacerías. ¿Te suena? Seguro que no, porqué no es tu estilo. Y seguro que a estas alturas todavía te preguntas quién soy. Tu cerebro acostumbrado y emputecido por años de abusar de la gente y de las buenas voluntades está más que confundido con mi persona.

Nadie en especial solo un payaso que no tira a las perdices corriendo, ni a hembras con crías, ni a las corzas que pueden ser madres, ni las liebres encamadas. Un tontolhaba que dice que a las águilas no hay que matarlas y que hacer sufrir a los animales sin motivos es de poco hombres. Con lo macho que tú eres y te ves vencido por alguien así, que putada, un blandengue te ha ganado la partida.
No te habrás reído veces “por lo bajini” cuando me hayas visto contemplar el monte durante horas. Anda y que no te habrás divertido a mi costa cuando me hayas visto acariciar el plumaje de una perdiz embelesado dejando volar  a las otras. Cuantas veces he visto esos labios de reptil esbozar una sonrisa al cruzarte conmigo. Y seguro que lo habrás hecho con tus amigotes. Envalentonado por el alcohol más de una vez te has quedado a punto de increparme  en la barra del bar para dejarme en ridículo delante de ellos. Pero me ha bastado una mirada para hacerte saber que “te faltan tantos güevos” como a mi me sobran para parate los pies. Nunca te he tenido miedo y lo sabes mejor que nadie.
Soy ese que te ha oído fanfarronear cien veces en como matas y dejas el animal en el monte, alguien que ha visto como pegas y maltratas a tu mujer y a tus hijos. Sabe que has colgado a más de uno de tus perros que para tu desgracia fue mejor ser y cazador que tú. Visto así podría ser cualquier persona del pueblo que tenga la desgracia de conocerte. Soy ese con que te cruzaste esta mañana cuando disparaste un corcino de apenas tres kilos. Ese que tuvo que sujetarse para no partirte la cabeza en dos al ver que lo llevabas vivo hasta el coche y encima te reías. Ese mismo que cogió el móvil y avisó a la guardia civil para que te trincarán en el cruce donde estaban apostados por la mañana. Las ganas que te tenían, con las veces que te escapaste de milagro y lo achacabas a tu enorme inteligencia y a lo escurridizo que eras. Se te acabó, van a joderte de lo lindo porque has matado una cría en una reserva de caza con un arma ilegal y tienen pruebas de sobra para “emplumarte” como te mereces cabrón.

Mientras, yo disfrutaré de mi aguardo y aunque sea un tanto malévolo acariciaré la idea de que te enteres como sospechas desde hace tiempo que tu compañero de celda es ese que se está tirando a tu mujer. Aunque no tendrás cojones ni a mirarle a la cara porque eres un maldito cobarde. Sin las risotadas de tus amigos que se divierten a tu costa no eres más que un miserable despojo, demasiado poco sin un arma entre las manos. Y la gente ya está cansada de escuchar la única conversación que tienes, lo buen cazador que eres. Miran para otro sitio cuando les hablas. Buscan entre las cuatro paredes del bar un punto donde fijar su atención para soportar un tío “paliza” que no demuestra más “sesera” que el cuadro que están mirando.- Que sabrán ellos con lo “buena gente” que tú eres-.

Espero purgues tus penas y recapacites en las largas horas de prisión que te esperan. Que seas consciente del irreparable mal que has hecho y suficientemente fuerte para soportarlo sin colgarte de una ventana. Serás un canalla pero al fin y al cabo eres un ser humano, o deberías de haberlo sido alguna vez. Quizá de esa manera ese tejón que se cruzó en tu camino  esta mañana no estaría en la cuneta despanzurrado,  el pobre animal no te había hecho nada solo tuvo la mala suerte de cruzarse en el camino de un canalla.

CARTA SEGUNDA.

Te has vuelto a salir de rositas pero te han temblado todos “los palos del sombrajo”, el juez te ha soltado por deferencia a tu familia. No porque le dieras lástima como pretendías con tu servil y lastimosa declaración, no lo reconocerás jamás pero estabas cagado de miedo. Lo he visto con mis propios ojos igual que te observo en este momento. Ahora mismo mientras lees estas líneas que he dejado en el parabrisas de tu coche y que observa la ruina en que te has convertido.

Aquí, en el banco bajo la higuera estoy sentado, esperándote por si tienes algún “recao” para mí. Ahora que están las cartas boca arriba sobre el tapete, ahora que sabes que fui yo quién te denunció. Esta vez no te valdrán tus bravatas si quieres decirme algo tendrá que ser a la cara como hacen los hombres sin miedo.
País de tarugos donde los Bancos hacen negocios a costa de los más desfavorecidos, los ladrones cumplen su pena esquiando y la mayoría de políticos ni quieren ni saben trabajar para el pueblo. Donde un ecologili con pancarta “sabe” más que un “paleto con boina” o al menos eso nos quieren hacernos creer. País donde un sinvergüenza sanguinario hace de las suyas y encima tiene una licencia con la leyenda CAZADOR.

Pero no se me va de la mente el pobre corcino agonizante y tu cara de satisfacción mientras lo metías en el coche aún vivo. ¿Para qué? Cualquiera con un mínimo de sensibilidad al ver tamaña atrocidad te daría un par de sopapos sin dejar de ser buena persona. A mi me costó mucho contenerme. Miras hacia aquí, veo que ya me has visto pero no que te decidas a venir. Sigues leyendo porque tu curiosidad te puede, es una de tus muchas debilidades otra de las flaquezas que intentas tapar haciéndote el macho y el insolente. Te espero, tengo toda la tarde.

Pudiera ser que tu abogado consiguiera rebajarte la multa que será gorda, yo espero que no. Que tengas que trabajar mucho para pagarla porque “currante” eres, una de tus escasas virtudes. Quizá porqué necesitas la pasta para pagar las cervezas de tu “respetable” publico, pero ya no será lo mismo. Las largas horas de reflexión que pasaste en el calabozo te han hecho dudar de ti mismo por primera vez en tu vida. Mi carta te llegó hallándote totalmente desarmado y te ha inducido a pensar que aunque tienes derecho a ser un “hijoputa” alguien además de mi cree que la vida merece mucho más respeto del que tu le tienes. Y las dudas son tu punto flaco, tu mujer ya no te teme porque su amante es guardia y mucho más grande que tú y tus hijos cada día más fuertes, más difíciles de pegar.
Y mira que hace ya mucho tiempo fuimos amigos o así lo creí yo. Cuando novato me encandilaste con tus palabras y llegué a pensar que eras un auténtico maestro en artes caceras. También creí que todas las animaladas que contaban de ti eran exageraciones, que no podías ser tan cabrón. Pero me bastó aprender cuatro cosas y convencerme que tu proceder era el de un canalla, un maldito canalla que solo caza para hacer un puto circo y “al remate” la caza la vende o incluso la tira. Te dejé, abandoné tus artes sin practicarlas y te supo a cuerno quemado, dándome cuenta que solo serías mi “amigo” si bailaba “El son” que tu tocabas. Harto de aguantar tu prepotencia, tus salidas de tono, tus burlas cuando lo único que me enseñabas era trapacerías y a creerme un segundón. Necesitabas un vocero para tus hazañas y yo me negué siquiera a susurralas. Así que mientras pensabas que no sería capaz de dar un paso sin ti recorrí el coto de cabo a rabo. Mientras tú inútilmente quemabas pólvora temporada tras temporada yo aprendí a disparar con palomas y zorzales los que nunca me dejaste tirar porque no te parecían dignos de un cazador, como si tú lo hubieras sido alguna vez.
Después vinieron mis perros, infinitamente mejor adiestrados, queridos, alimentados y tratados que los tuyos cazaban más y mejor solo por agradecimiento. Mientras tu les pegas para quitarles los conejos de la boca a mi me los traen y me los ceden meneando el rabo.
No creas que no fui consciente que seguías mis pasos e indagabas sobre mis progresos, de cómo me observabas en la distancia y te ponías en mis puestos cuando yo me quitaba. Luego en el bar echabas la mentira sobre tu abultada percha curiosamente siempre mayor que la mía. Conozco las salvas con que “agasajas” el cielo de verano en lugar de abatir a las torcaces y ya no soy el único. Tiras a todas sin descanso un día tras otro, destrozas las querencias, a cualquier distancia aunque solo las pinches. Robas los buenos puestos porque eres incapaz de encontrar los pasos tu solo. Destrozas preciosas encinas y matorrales para hacerte un puesto donde tardarán meses en entrar sin recelos en lugar de aprender sus costumbres. No tienes remedio año tras año sigues sin tener ni puta idea.
Con las perdices eres igual, recuerdo un año que mataste media docena el primer día y entraste al bar exultante, a voces para que todo el mundo se enterara. Me lo escupiste a la cara y te contesté lo mismo que te contestaría ahora. -Por culpa de ansiosos como tú y tus colegas pronto serán un vago recuerdo-. No las amas ni respetas solo las codicias, las persigues casi corriendo con saña, maldiciéndolas cuando las fallas que dicho sea de paso es casi siempre. Pocas veces he visto tanta avaricia en un rostro como una mañana en que te vi siguiendo una que habías herido no se me olvidará jamás esa expresión. Tu no me viste, ni me verás mientras lleves los ojos inyectados en sangre de rabia pura.
Con los corzos y cochinos haces lo mismo, les tiras cuando te salen aunque sea con cartuchos de perdigón del siete hiriéndolos de mala manera y acumulando otra más en el desván de tus barbaridades. Solo te importa hacer un circo con cada captura y si te cuesta mucho trabajo lo abandonas sin más, sencillamente aberrante. Con unos cuantos “colegas” montas un gancho donde te parece faltaría más no poder hacer como dices “lo que me sale de los guevos”.
Tampoco se me escapa que has intentado “mojarme la oreja” un año tras otro, intentando imitarme sin conseguirlo según fuera el caso. Cuando habian codornices y yo mataba veinte te las dejaba caer sin reparo y tras tus ojos afloraba una envidia que te hacía rechinar los dientes. Buscaste perro inmediatamente, ni siquiera era tuyo ni tampoco te haría demasiado caso. Te esforzarte en superarme aunque yo jamás haya competido con nadie pero como no lo conseguiste no volví a tropezarme contigo ese verano. Después mis perchas de torcaces volvieron a despertar tu codicia hasta el punto de madrugar más que yo para ocupar mis puestos. Los puestos que sin papeles pero con todo de las leyes no escritas de los hombres honrados me pertenecían. Me bastó adelantarme cien metros para abatir las palomas en tus “morros“ y una vez más “hacerte tragar quina”. Y no poca.

Y ahora que por fin te has dado cuenta que no me haces ninguna falta, que mato los cochinos sin más ayuda que mi instinto y mi pasión te ha dado el “aberrunto” de dártelas de aguardista. Qué casualidad hombre viste que tenía un teckel y tu sabueso ya tiene una foto junto a un jabalí aunque a decir verdad no le hace ni puñetero caso.

Te maldije muchas veces y sin embargo ahora me das pena. Tus andares cojitrancos y tu cabeza gacha me hacen pensar que estás comenzando a pagar algunas de las barbaridades por olvidadas pensabas que te iban a salirte de balde.
Lo que es la vida macho con lo que tú has sido. O mejor pensabas que eras porque tu castillo se desmorona a marchas forzadas. Comienzas a sentirte inseguro y ya no te fías ni de tu sombra que era la única que te aguantaba hasta ahora. No creo tener derecho a dar consejos a nadie, al menos sin que me los pidan. Pero a un fantoche como tú me voy a permitir el lujo de dárselos aunque solo sea por resarcirme de los malos ratos que me has hecho pasar.
Piérdete macho, vete muy lejos donde nadie te conozca. Deja a tu familia en paz que mejor les irá sin ti. Empieza de nuevo y aprende. Aprende a ser un hombre y no su caricatura. Un hombre que respeta a los demás y no se cree con más derecho que nadie por ser más trabajador, más bebedor o más osado. La osadía puede ser una virtud, pero para eso debe ir acompañada de la humildad y tú esa palabra ni siquiera la conoces. Su significado tampoco pero ya es hora que lo aprendas.
Me largo, no vas a venir y ya has tenido bastante.

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