Publicaciones etiquetadas con: Browning

Escopetas


Ya son unas cuantas las que han pasado por mis manos y cada una tiene su propia historia. Algunos miles de tiros con ellas me han llevado a conocerlas y a manejarlas con soltura, además de a tenerles cierto aprecio.

 

Las escopetas de cañones quebrados jamás me gustaron por la complejidad de su manejo y su escasa capacidad de carga. Son pesadas, pegonas y obligan a tener siempre los cañones apuntando al suelo a la hora de recargar, maniobra que precisa demasiada atención al arma y espacio de sobra. Yo la atención la fijo en las piezas y la escopeta la manejo mecánicamente, sin mirarla, sin prestarle más atención de la necesaria.

 

Las paralelas las descarté desde el principio, la vista del punto de mira flanqueado por los cañones quitaba demasiado campo de visión lateral, jamás me gustó para integrarla en mi forma de cazar.

 

De las superpuestas me gustaba sus contenidas medidas pero no lo suficiente para no decantarme por una herramienta de un solo cañón con depósito tubular montado debajo. Con gusto me adapté a la enorme longitud de estas armas por la comodidad de recarga en vertical y la ventaja a la hora de apuntar que supone tener el punto de mira a casi un metro del ojo.

 

Con estas premisas tomé la decisión de comprar una “corredera” antes que una “repetidora”. A pesar de precisar un manejo mucho más complicado dobla su capacidad de carga y la recámara Magnum tenía su atractivo. Además del reto que suponía especializarse en el manejo de un arma casi desconocida por estos lares. Empezar desde cero tiene sus ventajas y por osado nunca me he quedado corto.

 

 

 

Maverick 88

Fue mi primera adquisición aprovechando la coyuntura de su presentación en España y la buena oferta que venía de mano del importador 35.000 pesetas, hija menor de la Norteamericana Mossberg con sobrado prestigio.

 

Sobria, sencilla, ligera en exceso, cañón pavonado negro, culata y chimaza de polímero negro, sin banda solista y con un vicio por tirar de  la corredera que gastaba las cajas de cartuchos de seis en seis. La recamara magnum de 76mm que cargaba hasta 52 gr de plomo también me gustaba y de no ser por el elevado precio de esa munición la hubiera usado más a menudo.

 

 

 

 

 

 

 

Poco me costó “cogerle el airé” al trombón, palomas, zorzales, tórtolas y algún pato terminaron en mi olla gracias a ella y “al tute” que le di en los primeros años. Las perdices tardaron algo más por la dificultad que entraña su caza y aún así alguna que otra cayó antes de dejarla en el armero para pasar a la siguiente.

 

 

 

Winchester Saut

La compré para tener dos armas por aquello del “por si acaso” la Maverick me dejaba tirado cosa que jamás ocurrió. Se segunda o cuarta mano se la compré a un compañero de trabajo que le estorbaba por tener demasiadas.

 

La chimaza era tan fina que debió romperse al poco de estrenarla cosa que debió ser bastantes años atrás, por eso andaba cogida con fuerte cinta de embalaje. La antigüedad de sus materiales la hacía muy pesada pero su equilibrio era excepcional lo cual la hacía muy manejable. Polichockes intercambiables y una amplia solista con la que seguir mejor las piezas.

 

Con ella me licencié en la perdiz y la codorniz cuando todavía podías colgar tres o cuatro en cada salida.

 

 

 

 

b (2).jpeg

 

 

 

Con el uso continuo llegó el aprecio y con él la necesaria renovación de sus maderas relatada aquí con todo detalle A escopeta rota…Madera nueva

 

Llegó a ser una prolongación de mis brazos y en aquellos años que mis piernas todavía no contaban con treinta años fuimos “el azote” de las perdices y palomas Serranas. Anduvimos por crestas y cumbres donde nadie osaba subir y cazábamos a nuestro aire, el trinomio perfecto  > Cazador esforzado, una perra excelente y buena escopeta<.

 

Por desgracia “murió” en la cancha del “tiro de pichón” cuando más la estaba disfrutando, cuando pensaba conservarla y usarla toda la vida. La avería por desgracia irreparable y el único consuelo posible colgarla de la pared para contemplarla de vez en cuando y recordar mis “tiempos mozos”.

 

 

 

2013-05-27 18.40.05.jpg

 

 

 

Browning Sporting Clays

Si la Winchester fue un arma hecha a medida que manejaba a la perfección esta era robusta y precisa como la escopeta de cancha que era. Provista de los modernos y caros polichockes Invector+ cada vez que fallaba tenía claro que la culpa era mía y no de la escopeta.

 

A pesar de ser demasiado recta para apuntar rápidamente aprendí pronto a manejarla con soltura maravillado como estaba con su equilibrio y funcionamiento. Las perdices que logré abatir con ella no fueron muchas, en cuanto comenzó a preocuparme su escasez las fallaba queriendo hasta que deje de cazarlas. Pero esa historia ya la contaré en otra ocasión.

 

 

 

 

 

 

 

 

Muchas docenas de palomas cayeron bajo sus plomos conservándola como nueva a pesar de darle bastante  uso durante quince años, yendo incluso a un par de batidas con ella.

 

Una aciaga mañana de Octubre se partió una pieza indispensable perdiendo la palanca de montar entre la espesura y dando al traste con ella. El cabreo fue tan grande que el primer pensamiento fue inutilizarla y colgarla debajo de la Winchester. La reparación era muy costosa y la caza menor tan escasa que en lugar de repararla la dejé en el armero a la espera de mejores tiempos.

 

La Maverick volvió desde otros tiempos para caer de nuevo en mis manos, necesitó un par de mejoras pero no resultó costoso devolverle su primigenio encanto. El pavón del cañón y otras partes estaba demasiado desgastado, asomando algún que otro indicio de óxido. Con cuatro ramas y tres botes de pintura improvisé un camuflaje bastante aceptable. Coloqué el punto de fibra óptica de la Browning para poder apuntar con más eficacia a pesar de no tener solista.

 

 

 

 

 

 

 

Fue como volver a los orígenes pero ya sabiendo, igual que una asignatura pendiente que dejé antaño colgada para aprobarla hoy día con buena nota.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En su sencillez radica toda su efectividad, sin duda volvió para recordarme que no se necesitan miles de euros para obtener buenos resultados. A confiar mucho más en mi experiencia y mi pericia que en el arma, a esforzarme un tanto más. El desenlace tras dos años de puestos palomeros fue más que satisfactorio.

 

A día de hoy si no cambian mucho los tiempos voy a cazar muy poca “menor” así que de escopeta estoy servido, no obstante si algún día debo hacerme con otra no tengo duda que será de corredera.

 

 

 

N.A.C. Calibre 28.

En la sencillez de mi armero también tengo una joya que guardo como oro en paño. A pesar de no ser efectiva con las duras palomas serranas ni por carga ni por distancia, la conservo por otros motivos.

 

 

 

 

 

 

 

Es una joya pero no por sus grabados o su alto precio, aunque robustez y calidad no le falta. Es el regalo de un amigo muy especial que un día pensó que su primera escopeta debía caer en mis manos.

A pesar de no estar muy cuidada el pasado año la restauré y coloqué un par de accesorios para mejorarla,  ese proceso formará parte de otra entrada en el futuro.

No pongo en duda ni los gustos ni la calidad de otro tipo de armas ni las pongo por encima ni por debajo, estas son las mías y estoy más que contento.

 

 

 

 

 

 

 

Categorías: Mis Herramientas | Etiquetas: , , | Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: