Primitivo, Atávico y Auténtico

Los dos paletos, los dos señores.

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Un caluroso día del mes de julio de cualquier año.

Una cantarina fuente derrama generosamente un agua.

Un lujoso 4×4 se detiene en la plaza de cualquier pueblo.

Un anciano descansa a la sombra de una Higuera.

 

La burbuja.

En el coche viajan dos hombres, de los importantes de los que visten traje de marca. Billetero de avestruz y zapatos de cocodrilo. Llevan conectado el aire acondicionado del coche en modo “GLACIAL” lo que les priva de abrir las ventana. Han visto un anciano sentado a la sombra,  los dos hombres se miran y uno de ellos se dispone a bajar. El otro se adelanta y le dice con sorna.

-Ese viejo paleto no sabrá ni escribir y a lo mejor tampoco hablar. Tendrás mucha suerte si te enteras de algo-.

Tras pensarlo un poco por fin se apea del auto y el contraste de temperaturas lo para en seco con una brutal bofetada .Se recompone y busca la sombra como un vampiro al que sorprende la aurora. Las caras telas que cubren su cuerpo no logran otra cosa más que un sudor pegajoso. Que las hace todavía más insoportables de llevar.

 

Los señores.

Se acerca al anciano ,lo mira  y  observa ese hombre lleva la frente arrugada por los fríos ,los calores y las intemperies. Arrugas que pregonan su edad como los anillos de un vetusto árbol. La boina calada y enroscada a conciencia. El forastero no lo sabe pero es para mantener la cabeza fresca y no pasar calor. Sus ropas de algodón permiten que corra el aire que bondadosamente circula para refrescar el añoso cuerpo que tantas veces ha reconocido.

El anciano hace tiempo que le observa y con mucha educación logra contener la risa. El forastero aún sabiendo que está haciendo el ridículo se rehace como puede. Pregunta con tanta dignidad como gasta su antagonista cuando ahoga la risa.
-Buenas tardes señor-.
-Mu «güenas» tardes tenga «usté» , que se «l´ofrece»-.
-Verá mi amigo y yo somos cazadores, estamos buscando una finca y nos han dicho que en este pueblo hay una buena…-
-Mu «güena» si señor muchos gorrinos y «venaos» con los cuernos grandes como les gustan a ustedes los señoritos de la capital. Ayer mañana mismo le di el pasaporte a uno que venía a comerme el huerto. Lo traje en lo alto del lomo de mi sultana y lo tengo «congelao» hasta que venga mi hijo. Porque yo «sabeuste´» con la artrosis ya no puedo aviarlo como Dios manda-.

El forastero perplejo mira al hombre de arriba abajo y no da crédito a sus palabras.
-Pero ¿Usted todavía caza?-.
-Toma! «Pos» claro que salgo de caza y de lo que no es caza. Al huerto tos los días,  llueva ,truene o haga sol y al monte en cuanto puedo. Con la «bicicleta» o con la sultana. Y una cosa le voy a «dicir»  yo el día que no pueda andar por los cerros prefiero morirme-.

El forastero no da crédito a sus oídos, duda sino le estará tomando el pelo el anciano. Le mira a los ojos y tras la rústica dureza de su mirada descubre todo un mundo de sinceridad. Ya no puede más de puro calor. Se desabrocha la camisa y afloja el nudo de la corbata que parecía querer ahorcarlo.

 

Placeres que cuestan dinero.

A la sombra de las higueras de esta plaza no se está nada mal. Los vocingleros gorriones pían y arman ruido  en las ramas más altas. Las avispas van llegando por docenas al pilón donde vierten sus aguas los cuatro caños de la fuente. Recogen la necesaria agua para fabricar la pasta con que hacer sus nidos . Las cigarras sierran  la tarde y los oídos con sus estruendoso canto. El amargo y acre olor del agua estancada se entremezcla con el ácido de las higueras y la sombra de sus palmeadas hojas. El conjunto de sonidos, luces y olores es de lo más acogedor.

Aprovecha la sinceridad del hombre para sonsacarle información.
-Y que podría decirme usted de los propietarios.–¿Son conocidos en este pueblo?–¿Son gente de fiar?–¿Conviene hacer negocios con ellos?-.
-UHUUUU…Ahí si que ha «pinchao usté» un «güeso mu duro». «Mireusté» que si ahora mismo se presentara aquí alguno de ellos cojo a la Sultana y al guardo en el corral. En menos de lo que se persigna un cura loco…de fiar…de fiar no son. A quién no le deben dinero le han hecho alguna jugarreta.-
-¿ A QUE  SI SULTANA MÍA? –

El animal responde con un largo rebuzno al escuchar su nombre gritado en la voz de su amo. Tumbada a la sombra de una frondosa higuera no tiene la menor gana de moverse.
-Mírela lo lista que es  como sabe que estamos hablando de ella y lo gorda y lustrosa que la tengo…si es que es la niña de mis ojos …mi parienta dice que quiero a la burra más que a ella-.

Esto último que había dicho el anciano hubiera hecho reír al forastero en otro ocasión. O al menos esbozar una sonrisa pero ahora mismo estaba descolocado por completo. Todos sus esquemas se vienen abajo como un vulgar castillo de naipes. Sumiéndolo en una sensación de irrealidad que lo desasosiega.

El anciano apoya las nudosas manos en el bastón ,visto así parece un personaje de otro tiempo. Un sujeto anclado en el pasado que se resiste a caer, a morir. A privar al mundo del último espécimen de una raza que en otro tiempo,vivía y moría por y para  la tierra. Trabajando de sol a sol por unas monedas, un mendrugo y un trago de vino. El último eslabón y testigo de una raza de hábiles manos que fabricaba sus ropas.Sus enseres y hasta su alimento. Que no desperdiciaba nada y mucho menos la sabrosa  y nutricia carne de monte.

El forastero cada vez más acalorado se acerca a la fuente y bebe dos tragos, se refresca brazos  y cuello. Pronto regresa junto al anciano, junto a la frescura de las anchas hojas, junto aquellos árboles maravillosos.
_¿Y usted buen hombre , no tiene calor?-.
-¿calor dice «usté»?-.- calor pasaba cuando segaba el trigo a mano y no hacía otra cosa más que sudar y sudar–Aquí a la sombra no «sestá na» mal.–Aquí en la sombra de las higueras sesta mu bien. Lo que le pasa a «uste´»es que lleva una ropa mu aparente «pa» celebrar la misa del día del patrón. Pero para andar  por estos andurriales con esta calor es mejor vestirse mas fresco-.

 

Los dos paletos, los dos señores.

Cuanta razón tenía aquel hombre, ese mismo que hasta hace escasos minutos le parecía un analfabeto. «El paleto» le estaba dando la lección de su vida. Azorado sin saber que responder el forastero fija la vista en las lustrosas y arrugadas ramas de la gran higuera.Con su benefactora sombra los ampara y protege de ser ajusticiados por el implacable Lorenzo. Menos mal que ahora parece que una sutil brisa viene a refrescarlo un poco porque el buen señor esta casi al borde del colapso.

Vuelve la vista hacia el coche de su amigo y lo encuentra hojeando una de sus revistas de caza. Para él son como una biblia, con el motor en marcha. El aire acondicionado proporcionándole un microclima a su medida le envidia por un instante.< ¿Pero?¿De verdad vale la pena tanta sofisticación y tanto gasto para pasar la tarde?> A la vista está que no, viejo del bastón no necesita nada de eso y parece tan feliz.

Coreche,coreche,coreche,cro,cro,cro,cro,coreche…
-«Andá la osa» mira tú si lleva el tío un perdigón dentro del  bolsillo-.
-No hombre es mi mujer que me llama-
El hombre saca un teléfono del bolsillo, descuelga y responde-Dime cariño…¿Las vacaciones?…no sé donde tú quieras. Punta cana o pooket, cuba donde tú elijas amor. Estoy aquí en la sierra con Borja intentando encontrar finca para las monterías de este invierno…Yo también ,nos vemos está noche-.

Mientras hablaba el viejo lo ha estado observando. Intentando descubrir que es aquello que diferencia a aquel hombre de un señorito  meapilas de ciudad . Desde que se le acercó ha reparado en algo que lo distingue. Aún usando toda su inteligencia e intuición no consigue dar con la clave exacta. Las sombras comienzan a dibujarse alargándose en el suelo y el asfalto. Los que a estas horas habitan la plaza bajo la sombra todavía tardarán un rato en llegar a sentir tal efecto.

 

Primer paleto.

Por la empinada calle se ve bajar a un pastor. A juzgar por las abarcas, la vestimenta y el garrote ese debe ser el noble oficio de tan singular personaje. Trae una húmeda y raída bolsa de plástico usada cientoypicomilveces agavillada entre las callosas  manos. La porta como si fuera un gran tesoro y en verdad lo es. A esas horas de «calina» cualquier liquido que pueda ingerirse merece tal denominación. El anciano que hace rato que lo ha visto lo llama de una potente y sonora voz.
-¿Damián, ande vas?– Acércate hombre que ti voy a presentar a este hombre que viene preguntando por la finca de «La Quebrá»-.
-No si a eso venía ,verás tu…-Damián López «pa» servirle a «usté»-le ofrece su mano al forastero que la acepta sin dudar-.Lo he visto como «vinía vestio» y me he dicho.< Damián anda y llévales una «cervecica» fresca que con la que está cayendo seguro lo agradecen>.
-«Pos» no te la vamos a despreciar, trae «pacá» gañan-.

Era lo que le faltaba al refinado forastero una mugrienta y callosa mano ofreciéndole una asquerosa cerveza de marca blanca . Acostumbrado a las mas caras cervezas de importación, servidas en pulcras copas escarchadas. Conteniendo el asco la acepta por educación, porque está a punto de deshidratarse. Y porque en algún sitio ha leído que la cerveza es buena para recuperar electrolitos. Y recuperarlos es lo que más necesita en estos momentos.
-Aaaaaaahh! están «caducás» pero «guenas ridiez», mu bien no es que sepan pero por donde pasan mojan-.

El Pastor como buen habitante del pueblo que no pueblerino hace gala de toda su hospitalidad. Con un penetrante silbido llama la atención al señorito del coche ofreciéndole una lata levantándola en alto. El del coche la desprecia de una manera demasiado natural. Muy acostumbrada, haciendo gala de su mala educación y su desprecio. Se dibujan claramente en el vaivén de su cabeza y su ofídica sonrisa.

 

El cabrón.

El Pastor ofendido musita quedamente entre los pocos dientes que le quedan.
-Mal rayo te parta cabrón-.
-Y que te cuentas Damián ¿Fuiste está mañana a ver tus cabras?-.
-«Pos» mira si que fui y si lo sé no voy porque «mi llevao» un disgusto. Han «entrao» los putos perros «asalvajaos» y me han «robao» tres cabritos-.
-«Cagüen», tú tranquilo hombre no te sulfures. Esta noche trincamos la bota, el queso, el pan y la «carnemenbrillo» que prepara la Josefa y les hacemos una espera. Si «güelven» se van a cagar «tos»-.
-«Pos» ya lo había «pensao» yo eso y te lo iba a «decir». Que ya me han «jodío» siete animales entre cabritos y chotas en lo que va de año. Malditos Domingueros que abandonan a los perros en el campo a su suerte. Eso no se hace «ridios». Son «tos» iguales, les daba yo por donde amargan los «pipinos»-.
-Damián no los metas a «tos» en el mismo saco que eso no está bien-. -No se ofenda «usté». Es que Damián esta «mu enfadao» y con razón. En su «tiná» los días de fiesta aparcan muchos coches y lo dejan luego «to» lleno mierda-.
-Y una vez se metieron unos chicos dentro del «porchao» y casi li prenden fuego los mu cabrones. Luego nadie había «sio» y encima si creen «Icologistas» de esos-.

El forastero con la segunda cerveza ya en la mano. La misma que ha rechazado vilmente su amigo. Se está recuperando del sofoco por momentos. Una leve pero firme sonrisa se perfila en sus labios. Sin duda fruto del ambiente, de la conversación. Del leve «achispamiento» que la burda y caducada pero refrescante bebida produce.

El paisano quiere saber más del forastero.-«Pos» verá «usté» ¿Don?-
-Mariano ,me llamo Mariano, sin el Don buen amigo-.
-Aquí en este pueblo cazamos y nos divertimos. No hacemos grandes cacerías pero lo pasamos bien entre los vecinos. Colaboramos «pa» aviar los bichos y nos repartimos después la carne . Las mujeres también participan y lo pasan bien vaya si lo pasan bien, echan su partida y «to» «dispues» del café.

No es que haya mucha caza pero entre los guarros y «venaos» que apiolamos en las huertas. La caza menor que matamos en invierno no nos hace falta carnicero en el pueblo. «Tamién» criamos pollos y gallinas en los corrales antes de que «usté» se vaya voy a guardar la borrica. Y de vuelta del corral le subo a usted un pollo que verá que bien cocinaó se va a chupar los «deos».
-No se moleste usted buen hombre se lo agradezco de corazón ,además no sabría que hacer con un pollo vivo-.

 

Un cazador que no gasta el cuchillo.

Ahora es el viejo quién no da crédito a lo que escucha y alarga su pellejudo pescuezo en un ademán quizá demasiado exagerado.
-¡Anda! «Pos» que va ha hacer sino «ritorcerle» el pescuezo, pelarlo aviarlo y llevárselo a su señora «pa» que lo cocine. ¿»Pos» no es «usté»cazador?¿Quién le avía a usted las bichos?-
-Contrato un carnicero que me entrega la carne ya limpia y envasada lista para cocinar…
-No hombre no! No me diga «usté» eso, un cazador como Dios manda tiene que aviar el mismo los bichos que mata. ¿Cómo sino va «usté» a demostrarles respeto? ¿Acaso no les «tinia» cariño antes de matarlos?¿No le gustaba a «usté» verlos correr por el monte?¿No siente «usté» pena cuando le «jinca» el cuchillo a un gorrino o a un «venao»?-.
-Si claro acabar con una vida siempre pasa factura y más cazando animales tan bellos y poderosos pero…-
-Pero «ná»-Espeta bruscamente el viejo–Somos cazadores y por eso matamos pero eso no quita que no queramos a los animales del campo. Disfrutemos con ellos y nuestro deber es matarlos bien «paqué» no sufran. Aviarlos bien «pa» que no «sestropee» la carne y comernos hasta sus andares-.

Avergonzado  Mariano evita ahora mirar al hombre que le ha enseñado mas sobre caza que todo el montón de revistas de su amigo. Él, que está acostumbrado a mandar y a ser obedecido ahora mismo se siente cohibido. No sabe si sería mejor quedarse un rato más con el anciano y mandar a su amigo por donde vino. O subir al coche y poner tierra de por medio. Total la finca ya no la arrienda ni de coña.

Las sombras hace rato que se dibujan perfectamente sobre las blancas paredes de las casas y el calor ya ni siquiera aprieta. El Sol en su caída pierde su poder para abrasar la  tierra. Como ha hecho durante casi toda la jornada. Los vencejos dibujan imposibles arabescos sobre el azul del límpido cielo. Los bulliciosos gorriatos juegan y montan escandalera por aquí y por allá como una  bulliciosa pandilla de juveniles gamberros.

 

La tertulia continúa.

Los tres hombres todavía hablaran un largo rato sobre caza ,sobre el campo y sobre la vida misma. Quién menos habla es el forastero que aprende de los labios de los lugareños. Tan generosamente se prestan a compartir sus vidas y andanzas sin pedirle nada a cambio. Él, acostumbrado a pagar por todo siente que se está perdiendo cosas. Poco a poco desgranan la tarde hasta que llega la hora de la marcha.

Agradecido Mariano se despide sinceramente de ellos y promete volver pronto para compartir alguna cacería. Traerá a su esposa como le han recalcado sus nuevos amigos. Entrechocan efusivamente las manos sintiendo que algo de ellos queda prendido del otro. Mientras lo ven alejarse los del pueblo comentan entre ellos:
-Mira tu Isidoro ese pisaverde de «ciudá» «pa» ser tan señorito y «estirao» lo atento «ca estao» a lo que estábamos «explicando»-.
-No seas burro Damián, ese hombre aunque parezca un «gelipoyas» es un señor de los pies a la cabeza-.
-¿No jodas?-replica con sorna el Pastor-¿Y en que lo has «notao»?-
-«Pos mu» sencillo porque ha «aguantao» la calor como un jabato. Se ha «bebío» la mierda de cervezas que nos has «dao» adrede. Y cuando me ha «chocao» la mano lo ha hecho con fuerza y sinceridad como los hombres. No como algunos «relamíos» que cuando les chocas la manos de blanda «questá» te piensas que les estás meneando la minga.
-«Joer» Isidoro que filosofo ha «perdió» España contigo-.

El forastero ha llegado hasta el coche donde impaciente le espera su amigo pero no quiere subir todavía. Antes repasa con la vista aquel pintoresco lugar que en tan poco tiempo tan hondo le ha calado. Mira las casas nada lujosas que se levantan. En lugar de notar sus defectos ve en ellas la mano y el ingenio de sus propietarios. Las arreglan y las conservan con mimo. Nada está puesto al azar todo tiene su sentido, casas que llevan muchos años en pie. Que de no verse amenazadas por alguna reforma urbanística seguirán muchos años más.

Las calles llenas de gentes ya que vienen y van saludándole a su paso tienen otro encanto. Otra vida que antes con el calor no pudo captar, bastante tenía con mantenerse en pie. El aire tiene otro aroma distinto al aire que suele oler. Indescriptible, hermoso al mismo tiempo y sobre todo puro, auténtico. Ojalá siga así siempre. La sierra es toda una verde y agreste promesa. Para la cacería de invitación «entre amigos» a la que sin ninguna duda acudirá la próxima temporada.

Segundo paleto.

Sube al coche sin intención alguna de aguantar la charla de su grosero amigo.
-Joder macho ya era hora le he dado tres vueltas a la revista. Eso si he visto un rifle que a lo mejor lo cambio por el mío. Algo pasado de calibre pero como yo no aprovecho la carne…¿Pero dime algo habrás aprendido de ese par de paletos? se te veía muy a gusto con ellos buena estrategia has usado con esos ignorantes.¿Y la finca como es , has descubierto algo?-
-Si he descubierto si ,he aprendido que mi perfecta vida en la ciudad al lado de la suya es una mierda. Que los dueños de la finca son unos auténticos cabrones. Que eres mucho más maleducado e impresentable de lo que creía y que ni tú ni yo tenemos ni puta idea de caza-.
El amigo entre ofendido y amilanado por la seguridad con que le insulta Mariano ni siquiera protesta. Este al salir del pueblo baja la ventanilla para saludar a las gentes que paseaban aprovechando el fresco atardecer.

Conduce suavemente por la carretera mirándole de reojo. Observando atónito como infla las fosas nasales para no dejar un solo aroma por absorber. En silencio, con la mirada perdida en el horizonte, pensando en las nueva vida por descubrir solo acertó a decir.
-…ah! y  también que los paletos somos nosotros-.

Dedicado a la buena y sana gente del campo que tanta sabiduría sin reconocimiento atesora.
Por ello, por luchar y trabajar duro a costa de su salud y su vida. Para que quienes después vinimos pudiésemos vivir mejor.
Aunque mucha gente ignorante se esfuerce sin razón en ignorarlos y llamarles Paletos.
Mis antepasados fueron Pastores.
En mi nombre y en el de mi hijo.
GRACIAS.

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