Primitivo, Atávico y Auténtico

Las últimas perdices de mi Sierra.

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El concepto «Indigena» hace referencia a un individuo originario a la tierra en que vive o de donde proviene. Para un Cazador que orgulloso encamina sus pasos por las tierras que poblaron sus ancestros. No puede haber mayor infamia que extinguir la vida que sobrevive en ella desde hace milenios.

 

Matar, el derecho de un Cazador.

Esta es el premisa que guardo y acato cada vez que salgo con escopeta, rifle o arco «en ristre», A intentar abatir alguna pieza y reponer de carne mi despensa. Justo antes de accionar el gatillo vuelvo a cuestionarme si tengo razones y derecho a matar y actúo en consecuencia. Matar cuando cazas esta mas que justificado. Hacer daño al Monte, a mi Monte no tiene disculpa.

Me considero un afortunado por el hecho de recorrer las mismas tierras donde los míos cazaron antes que lo hiciera yo. Tierras donde sentirme libre y atado al monte, a la vida que hay en él. Una criatura más de la cadena, ni mejor ni peor. Viviendo la forma más espiritual de conexión con la tierra, Cazando.

Hace ya varias temporadas que dejé de tirar las últimas perdices bravas y salvajes que con mucha suerte todavía sobreviven en mi pueblo. Al principio las fallaba queriendo,  después levantaba la escopeta. Puede parecer absurdo en principio pero así se siente, Quién entiende que matar solo esta justificado para comer o no ser comido.

Alguien que respeta la tierra y la vida aspirando a dejar tras su paso por ella algo más que su huella en una extinción.

 

Abatir dos y dejarlas definitivamente.

Este año convencido que la situación es irreversible me dispuse a cazar un par y así hacer una entrada para vosotros. Por pocas que hayan conozco sus hábitos y querencias. Se donde se esconden y como sobreviven. Cada rincón donde se acurrucan al abrigo de los perros y los tiros. Llevo años indultándolas.

Pensaba cazar las dos últimas perdices para cocinarlas, guardando el debido respeto como homenaje y colofón a mi decisión de dejar su caza. Por aquello del quizás dos vidas sirvan para concienciar y sirvan de ejemplo para salvar muchas más.

La mañana anterior a la apertura me di un paseo sin bajar del coche para ver el estado del campo. Destrozado por la sequía a duras penas resiste como buenamente puede.

 

Las últimas perdices..

 

Como se escucha en el vídeo desistí de cazarlas, eran»pollastrones» sin experiencia estaban desorientados, acalorados y mal nutridos. Criadas sin brotes tiernos, ni simientes nuevas debido a la agotadora sequía. Teniendo que bajar al descubierto para llenar el buche de agua. A base de semillas de laboratorio y anormales dosis de stress.

Carne de cañón para el escopetero, ese que será el primero en alzar la voz con el repetido y cargante«…si es que no hay ná.» Los que siempre andan con prisas para adelantar la fecha de apertura.

«por suerte para ellas hijo nosotros pertenecemos a otra casta. Nos duele demasiado ver como la tierra agoniza para dedicarnos a hacer carne fácil. Al fin y al cabo cazamos para nosotros y no para presumir ante los amigotes en el bar»

Las últimas perdices de la Sierra/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Hace muchos…muchos años.

>Ya ha llovido aunque demasiado poco desde aquellas perdices que te colgaste. Para impregnarte con ellas de la esencia de la caza pura y salvaje. Para que sintieras el tacto, el olor, el tuétano de la naturaleza en estado puro.Tras aquellas dos cayeron algunas más,  otras escaparon para perpetuar la especie. Otras las perdoné para no ser cómplice de su genocidio<.

 

El caluroso día de la apertura.

Al día siguiente después de pasar la noche al raso aguardando al gorrino en la baña. Decidí dar una vuelta por las cumbres en busca de alguna paloma.

Las últimas perdices de la Sierra/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Apuntando a las palomas.

Cazarlas al salto es difícil, precisa tener una buena estrategia para andar entre sombras cuando vuelan. «Buscarles la vuelta» cuando se posan el los robles más altos e inaccesibles.

Desafiar su instinto y su vista moviéndote por el suelo mientras ellas lo hacen desde arriba tiene su arte.

Después de dos intentos fallidos conseguí entrar en el centro del bando para quedarme con una a más de cuarenta metros de distancia. Un espectacular tiro que contrastó con la siguiente que tiré «a cascoporro» y fallé como un bellaco.En lo más limpio.

Las últimas perdices de la Sierra/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Desde esta meseta las vistas son espectaculares.

Tras bajar del monte nos llegamos hasta el lugar donde vimos las perdices el día anterior.No sin antes comprobar que estábamos solos que nadie nos seguía. Quería asegurarme si eran capaces de esquivarnos o si por desgracia ya habrían sido pasto de perdigón de séptima.

Por suerte allí estaban, al otro lado del barranco salió Uncas tras ellas por el barbecho pero no volaron hasta tenerlo muy cerca. Menos mal que éramos nosotros. Se metieron en el monte y por allí no andaba nadie, prorrogando su vida una semana más. No es moco de pavo una semana en la vida de una perdiz.

Antes de volver a casa echamos el taco y descansamos un poco. Ya con la barriga llena y la calva refrescada dimos una vuelta al extenuante calor de las viñas. Con el resultado de un zorzal, otro espectacular «tirascazo». Que me dejó de nuevo en evidencia cuando fallé otros dos más fáciles. Los zorzales son las únicas piezas que abundan y que durarán aquí lo que tarden las uvas que quedan en secarse del todo.

Las últimas perdices de la Sierra/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Almuerzo adobado con «malahostia»

Contrariado di por terminada la temporada en mi coto. Los permisos para aguardar «la Mayor» aún tardarían dos meses en llegar. Así que cambiamos de provincia y bajamos a cazar los terrenos libres.

 

Cazando lo libre.

Terrenos abarrotados de «escopeteros» de los de raigambre, de los que no conocen otra forma de andar por el monte que «rapiñando». De los que tiran cualquier cosa cuando se aburren. Sin respeto a los demás y mucho menos al campo ni a sus criaturas. De esos que dejan la mierda allí donde van. Regando bolsas, papelotes y vainas por cualquier sitio con lo poco que cuesta recogerlas. Por suerte no todos son iguales ni hacen lo mismo.

La idea era cazar por la tarde para evitar las aglomeraciones y el peligroso encuentro con algún «figura» de los que por allí campan. En otra zona del mismo término pocos día antes hubo un accidente con resultado de muerte, así que mejor no tentar la bicha.

En estas tierras la caza está muy acosada y por ello muy esquiva. La densidad tampoco es grande pero tiene suficientes escapatorias donde guarecerse para mantenerse. Huertos y zonas de seguridad donde no se puede entrar. Con tanta cobertura para ocultarlas de los más osados que se atreven osan andar por «lo prohibido».

El calor fue insoportable en las seis salidas que hicimos los tres de siempre, mi hijo, nuestro perro y yo. Con pocas expectativas paseábamos más que cazar pero sin bajar del todo la guardia, porque ya se sabe «…Donde menos esperas salta la liebre.»

Las últimas perdices de la Sierra/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Uncas recuperándose de la captura.

La muestra de conejo era enorme, tierras taladradas, viñas protegidas, escarbaderas y cagarrutas por todo el campo. Pero de verlos no hubo mas que tres ocasiones. Los zorzales esas duras y sabrosas aves que cubren el cupo del humilde Cazador de «lo libre» este año faltaron a la cita. Siendo pésimo en casi toda la región.

Las últimas perdices de la Sierra/A pelo y pluma/Cazadorenlaoscuridad

Cazando en los terrenos libres.

 

Mucha calor y escasos resultados.

«Al remate» fueron tres las piezas que cobramos en la totalidad de las salidas. Una «media liebre» y dos zorzales en diferentes días. Avistando también dos conejetes más que escaparon y un lebrato tan pequeño que no llegué a tirar.

A primeros de Diciembre se cerró la temporada. Se esfumaron las posibilidades de traer tres o cuatro zorzales más para completar el gazpacho. Y la esperanza de que las avefrías avistadas a pocos Kilómetros se dieran una vuelta por encima de mi escopeta. Por aquello de probar el sabor de esos «pajarracos».

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