Primitivo, Atávico y Auténtico

Las delicias del campo se llaman setas

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De entre todos los vegetales silvestres que yo conozco el titulo de Delicias del campo debe ser propiedad de las setas. A pesar de los espárragos y las collejas que también tienen su sabor y matices.

Os invito a acompañarme en este recorrido a ras de suelo a ver lo que encontramos.

Delicias del campo/Recolector/Cazadorenlaoscuridad

Bajo los árboles.

La Soledad.

Pasear sin prisa entre pinos y robles esperando descubrir a cada paso las aromáticas setas. Las delicias del campo que cuando abundan salen solas a tu encuentro.

Pocos placeres hay exceptuando la aventura de la caza que seduzcan más un espíritu libre que llenar una cesta con los fragantes frutos del humus otoñal.

En ese incomparable monte que solo tu visitas, donde contrastan las hojas verdes con las secas y un aroma  húmedo y picante lo inunda todo. La sensación de pacífica y reconfortante soledad se magnifica y se palpa a cada paso.

>>»Soledad llegas a ser tan profunda y bella que debes esconderte de las gentes.

Igual que yo te refugias en el bosque para que no roben la profundidad de tu hermosura»<<.

 

El Bosque.

Poco a poco van apareciendo sobre el suelo las formas y colores que llevas tantos meses esperando. Ansiando reconocerlas de nuevo entre el seco tapiz fragantes, preciosas y sobre todo vivas.

Las delicias del campo han vuelto a renacer. Vuelven al milagro de la vida,solo para el caminante que decide visitarlas a primera hora de la tarde.

Aquellas que no son comestibles también tienen su encanto, no llegarán a la sartén pero servirán para una bonita foto.

 

Delicias del campo/Recolector/Cazadorenlaoscuridad

Al borde del camino, en el rastrojo.

Delicias del campo/Recolector/Cazadorenlaoscuridad
Otras son tan pequeñas que sería una lástima cosecharlas.
En mi pueblo dicen que si las ves se asustan y ya no crecen, yo por si acaso las tapo con hojarasca para que nadie les quite el miedo con el filo de una navaja.
En mi cabeza no cabe recolectar ejemplares tan pequeños que apenas tienen aprovechamiento.  Pongo en la balanza el beneficio que consiguo por el mal que hago y siempre bascula del lado correcto.

 

El monte es una despensa natural que también tiene sus leyes, a pesar de no estar escritas deben conocerse y respetarse. 

Poco a poco el cesto va cogiendo peso y la mañana alegrando un poco más con cada nueva incorporación. Cuando son abundantes hay veces que conviene dejarlo quieto y hacer un pequeño montón en un rincón del monte.

 

Delicias del campo/Recolector/Cazadorenlaoscuridad

El ¨pequeño» Aquiles guardando el montón.

 

Delicias del campo/Recolector/Cazadorenlaoscuridad Torcaces de abigarrado plumaje invernal nos sobrevuelan poniendo una nota de esperanza para la cacería del Domingo.

El aire que sopla helado entre las calles del monte vivifica en vez de molestar, cuando llevas peso y andas subiendo empinadas laderas se agradece.

Seguimos adelante sin dejar de visitar los «rodales» que esperamos nadie haya descubierto.

Encontramos los rastros que han dejado los cochinos en sus nocturnas y mundanas correrías. Usan su jeta a modo de arado para voltear la tierra y encontrar así el sustento ahora que las siembras son un mero recuerdo.
Por la forma y las huellas nos hacemos una idea de la identidad de los animales y la densidad que tiene el monte.

Pocos para el Cazador y demasiados para el agricultor que esperaría no hubiese ninguno.

Las jornadas de abundancia terminan convirtiéndose en todo un acontecimiento que recordaremos durante mucho tiempo.

 

Delicias del campo/Recolector/Cazadorenlaoscuridad

Una cesta variada.

 

Regresar con una buena cantidad de las distintas variedades que conocemos además de una buena cena nos asegura algo conserva. Una recompensa  al enorme esfuerzo que hemos hecho sin apenas darnos cuenta.

Ya lo dice el refrán «sarna con gusto no pica».

 

El Leñador.

Delicias del campo/Recolector/CazadorenlaoscuridadOtras veces cuando el monte está seco y el Sol calienta y elimina la humedad. Es mejor entonces  recoger leña y así aprovechar el viaje.
Sea como sea el caso es disfrutar, hacer ejercicio de manera sana en un entorno único, tranquilo y acogedor.

Recoger del monte solo lo que sobra tomándolo con el respeto que merecen los tesoros que se encuentran y forman parte de él.

 

El Regreso.

Una vez terminada la jornada con el Sol ya orillando el ocaso, el coche bien cargado y el cuerpo cansado. Siempre hay un breve momento para elucubrar.

Para acariciar por un momento la recurrente quimera de quedarse allí, de vivir del monte en el diminuto pueblo. Con la ayuda de un corral, un pequeño huerto, la Caza Mayor y un pequeño taller artesano.

>>Por un instante que se ha vuelto mágico el tiempo se detiene y el aire trae hasta mis oídos un sonido perfectamente reconocible. Tantas veces he escuchado la llamada del viento, de los árboles y la tierra y tantas veces he tenido que dejarla pasar de largo. Como habré de dejarla pasar hoy de nuevo<<.

Delicias del campo/Recolector/Cazadorenlaoscuridad

La magia del bosque.

Monto en el coche repleto de Delicias del campo, efluvios y sensaciones de Libertad. Recorro el destartalado camino de regreso recreando mi vista en el bello paisaje que para nada quiero abandonar.

Mientras las sombras van acomodándose en los recovecos del camino y a los troncos de los árboles me digo a mi mismo para hacer la partida más llevadera:

-Un día será cierto, llegará una tarde de Domingo que en lugar de retornar a mi casa la pasaré junto al fuego. En lugar de tomar la gris carretera trabajaré «en lo mío» porque mi casa siempre estuvo aquí-.

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