Primitivo, Atávico y Auténtico

La herencia de mi agüelo.

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La herencia de mi agüelo.Hace ya casi treinta años que murió, se llamaba Constancio, era de Chillarón provincia de Cuenca. Tuvo una vida demasiado dura para salir ileso de ella sin perecer prematuramente enfermo de trabajo. Pasó hambre, frío, miedo, sueño, penurias y todas las putas miserias que las postguerra regaló a la gente humilde que le «toco en suerte» sobrevivirla.

Llevó como ley de vida el esfuerzo por el trabajo en el campo, una afición al «cante tabernero» y al flamenco «jhondo». Con voluntad férrea consiguió superar una adicción al tabaco y al alcohol de la noche a la mañana.
Sirvan estas cuatro letras  para recordarle, pero no solo a él.

A todas aquellas personas que teniendo las cosas muy difíciles consiguieron salir adelante.Para reconocer que muchas de las comodidades que hoy tenemos no son gratuitas. Las consiguieron a sangre, sudor y fuego para ellos y para nosotros.  
Nunca fueron ni serán famosos, ni puñetera falta que les hace ya nos tienen a nosotros para salvaguardar su memoria.

Las Raíces.

Este verano cayó en mis manos su herencia, la herencia de una herramienta que fue suya. Un utensilio del que se  sirvió para ganarse la vida. Resinando pinos en «Las Majadas» o pelándolos en las soledades montunas de «Ortizuela».

En el frío invierno conquense como en el más tórrido y asfixiante verano en la alta Serranía este útil le acompañó y le sirvió durante años.

Quién lo tenía me lo cedió por ser el pariente más asilvestrado y más parecido a el. Además de ser el único que sabía manejarlo sin peligro de cortarse un pie con ella. El único en toda la estirpe de poder usar «La Herencia» con garantías.

Lo agradecí y la tomé con el respeto que merecía, como un objeto casi mítico que muchas veces manejé en el pasado.

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

El Hacha.

 

No se me pasó por la cabeza modificarla,La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad afilarla un poco y hacer una funda para llevarla con seguridad fue lo único que osé añadir para no dañar su esencia.
Pronto comencé a trabajar con ella y recordar tiempos pasados en los que maltraté mis manos para aprender a cortar leños con ella.

Como casi todas las cosas que he hecho en esta vida, de forma autodidacta. Con esfuerzo y con cuidado de no dejarme «el zapato» entre su poderoso filo.

Hacía mucho tiempo que no la empuñaba y sin embargo recordé su peso en poco rato, su equilibrio, su poder. Para leer la historia que atesoraban las calladas fibras de su madera de carrasca me  hizo desistir de usar guantes. Para tomar posesión de la herencia.

 

El Homenaje.

No se me ocurrió mejor reconocimiento que talar el árbol que tenía pendiente desde que el fuego acabó con su vida. Un peligroso estorbo junto a un camino que con ayuda de «mi hacha» transformaría en beneficiosa leña para la lumbre.

 

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

 

Era todo un reto hacerlo caer en el claro sin dañar la valla sobre la que estaba escorado. El otro trabajar con un pie en la pendiente de tierra suelta y reseca.

Pero nada que no pudiera hacerse con un poco de empeño. Una insignificancia comparado con los trances donde había trabajado el hacha en el pasado. La herencia bien lo merecía.

 

 

Pronto me sobró la chaqueta, la leña demasiado seca rebotaba el filo sin apenas daño. Era cuestión de insistir y darle con fuerza en el sitio adecuado. Golpes y más golpes certeramente colocados consiguieron hacer una cuña por donde doblaría el tronco hacía el claro.

Tocaba atacar del otro lado por la pendiente, se trataba de hacer otra cuña un poco más alta que la primera. Con el fin de dejar un poco de madera en el centro de ambas a modo de rudimentaria bisagra y así controlar la caída.

 

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

La pendiente.

 

Poco a poco me fui haciendo con él, en poco más de una hora, unos trescientos hachazos y algún que otro descanso le hice morder el polvo.

 

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

La herencia, el hacha vencedora.

 

Mientras recobraba el aliento y los electrolitos con una bebida «isotónica» el equipo de recogida entraba en acción. Amontonando las piñas y quitando las ramas más pequeñas.

Un leñador por grande y bruto que sea siempre agradece que le echen una mano.

 

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

El equipo de recogida.

 

Por la tarde llegó la hora de trocear la leña y seguir «dándo caña» al hacha del Agüelo. Este trabajo fue mucho mas sencillo sobre un suelo plano y sin obstáculos.
Una vez hechos los leños cargarla y transportarla a la leñera para que no se moje y eche a perder las pocas calorías que pudieran quedarle a una leña tan reseca.

 

 

De ahí a alimentar la lumbre para seguir dando calor y vida como le corresponde. Es reconfortante ver la leña crepitar tras el esfuerzo, como alimenta la imaginación igual que al fuego.

Poco tarda la mente en divagar y comenzar a imaginar futuras cacerías en el monte. Poco en idear el próximo invento o concebir el último relato.

 

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

La Lumbre.

La Herencia una vez más.

Buen fin para un ser que cuando vivo fue tan magnifico y del  que solo queda ahora un muñón. Pudiera parecer una triste evidencia del Pino que allí un día existió.

Como también quedará la prueba del corte con hacha que pervivirá en el tiempo hasta que el tronco se pudra con los años.

Y aún así me resisto a pensar que todo termine en un montón de astillas, cortezas, ascuas y cenizas. Me pongo a rebuscar entre la maleza para encontrar un atisbo de esperanza, a la vida tras la muerte.

Tropezar con la respuesta fue cosa de poco, un pequeño secreto que solo yo conocía.

A sus pies crece la evidencia de la inmensa sabiduría de la naturaleza  ya lo ha sustituirlo que se alimentará de los restos de madera muerta.

 

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

Resultó un esfuerzo añadido talar el muerto sin pisar a su «pequeño vástago». Siempre me parecerá poco cuando el fin es respetar la vida que valerosamente se abre paso entre el árido y reseco suelo del monte.

El relevo está asegurado, el pino sobrevivirá igual que la herencia del hacha de mi Agüelo que hoy vuelve a trabajar. Sin duda volverá ha hacerlo cuando mis brazos por viejos o gastados ya no puedan alzar su peso.

Alguien de mi misma sangre tiene el suficiente entusiasmo para coger un hacha por afición. Para trocear leños de madera muerta y  llevarlos a la chimenea.

>>El futuro nos arrolla para vocearnos en plena cara que nada está perdido, ni el árbol ni la leña, ni nuestro montuno ardor.

Ese que nos mueve a talar árboles por el mero placer de hacer un sano ejercicio  y recordar tiempos pasados<<.

Por ahora solo le dejo una pequeña para ir subiendo leños por la cuesta que todavía quedan muchos de los que el brutal incendio nos dejó.

Nadie le obliga, nadie se lo ha pedido, nadie le dijo que lo hiciera, solo le advertimos que tuviera cuidado.

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

Subiendo leños.

>Agüelo «Costa» dondequiera que andes estate tranquilo que tu herencia no se pierde. Por suerte mis manos no están tan maltratadas como las tuyas y espero que las de mi hijo jamás lo estén<<.

 

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

Las señales.

>>Lleva camino de estudiar para conseguir Hacer y ser algo muy  grande, labrarse un futuro mucho mejor que el tuyo y el mío. Que le permita ganarse las habichuelas sin tener que destrozarlas<<.

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

Las nuevas señales.

>>Pero en ellas se dibujan las dignas cicatrices de un pasado del que se siente orgulloso.

Y seguro que un día llegará a comprender que otras se maltrataron para que las suyas no tuvieran que sufrir ni una «miaja»<<.

La Herencia de mi Agüelo/Hacha/Cazadorenlaoscuridad

 

>Mientras tu hacha, nuestra hacha le estará esperando para talar otro árbol muerto.

Uno mucho más grande, todavía más difícil. 

Y siempre tendrá la oportunidad de hacer el esfuerzo de usar una buena herramienta.

Cargada de historia, memoria y dignidad para ejercitar el cuerpo y con ello recordar y agradecer las penurias que pasaron sus ancestros<<.

Seguro que estés donde estés te sientes orgulloso de nosotros.

Hasta siempre Agüelo.

 

4 Comments

  1. De nuevo enhorabuena por recordar nuestros ancestros y en este caso el tuyo y larga vida a esa herramienta, que a tantos les dio de comer

    1. Gracias por los halagos pero recuerda que sino te identificas jamás sabré quién eres.
      Un abrazaco de lobo.

  2. sole Martínez

    Ahora sé el porqué de tus manos desnudas sin guantes cortando el árbol con el hacha, ahora entiendo porque te destrozaste casi las manos dándole al hacha, esos callos son los callos que tu abuelo costan tendría casi a diario o ya ni callos se le harían de las manos tan curtidas que tenia de tanto trabajar tan duro, tu abuelo donde quiera que esté se sentirá muy orgulloso de su nieto y de su bisnieto, por saber apreciar y recordar lo mucho que padeció él y muchos otros como el por sacar adelante una vida llena de trabajo y sufrimiento, esa hacha, ese pedazo de tronco que queda de tu esfuerzo por recordar en tus propias carnes lo que era el trabajo de aquellos años tan duros. Un relato precioso, y un homenaje a tu abuelo muy bonito, y ese pequeñín pinito que crecerá junto al tronco que tu cortastes, crecerá y tu hijo lo verá crecer y siempre recordará el honenaje que le hizo su padre a su abuelo.

    1. Son muchos los matices de esta publicación Sole, la primera recordar que las comodidades de hoy las debemos a las carestías del ayer y por mucha posición y calidad de vida que tengamos hoy día no podemos olvidarlas.
      El pino crecerá y será testigo de la historia de varias generaciones de gente que ama y trabaja la tierra para apreciarla y respetarla como merece.
      Un abrazaco de Lobaco.

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