Cazadorenlaoscuridad

El pollo del feliz corral versus un pato anónimo y silvestre.

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…»Esta historia es antigua ya, de cuando todavía no había regresado a mis orígenes, de cuando los pollos se vendían por felices. La recuerdo como la de «El pollo del feliz corral». 

 

De caza de nuevo en el pueblo de la infancia.

El Sol navega tan alto que obliga ya a la retirada. Cargo a «Titán» mi setter, la escopeta y mis trastos en el maletero de mi viejo Land Rover. La mañana ha sido provechosa, el lance entretenido y la caminata vivificante. Parto henchido de sensaciones, de orgullo por hacer las cosas bien y a mi manera.

De un gancho del maletero un gran azulón colgado del pico, baila con el maestro Sabina, se bambolea al son de las curvas, la mañana no ha dado para mucho más. Si exceptuamos claro está un par de liebres que no he podido tirar por el riesgo remoto de darle un plomazo a mi perro.

El trago más difícil viene ahora, despedir con la vista a todos estos parajes a sabiendas que tardaré un tiempo demasiado largo en vislumbrarlos de nuevo.

Salvo esas tres piezas no he visto ninguna más en trance de tirarla, alguna perdiz demasiado larga, como mucho un gordo zorzal escamado ahíto de uvas pochas. Lo que si he visto son las corzas con sus crías ya grandes, ramoneando las pocas briznas que salieron en los barbechos.

Tras el inmisericorde desgarro a la tierra con la vertedera en cuanto vuelve a llover a la vida le cuesta muy poco brotar de nuevo.

Las torcaces vuelan muy lejos a estas alturas, los conejos acojonados con tanto predador hambriento no dan la cara y el jabalí…a esos hay que darles de comer aparte. Encontrarte con uno de esos «mocetones» en una cacería «al salto», «a rabo de perro» es más difícil a que te toque la lotería.

Antes de retornar cual borrego al redil, de marcharme a la puñetera «capi» voy a pasar por el pueblo para una visita obligada. Además de aprovechar para dar una vuelta por mi casa que lleva cerrada desde el verano.

Es buen chaval el tal Álvaro, primo de mi esposa, trabaja con bata en el matadero y está recién casado con una «niña bien». Aunque las ideas que tiene del mundo rural son mejorables, supongo que con el tiempo cambiarán. Espero que en su estancia y convivencia en el pueblo aprenda buenas costumbres.

La última vez que lo vi estaba bastante verde, confundió un borrego con una oveja y sus pelotas con las ubres.

 

La llegada es a lo machote, mejor dicho a lo cavernícola

-Mecagúenlaputa que bien te ves so cabrón-.

-Ya ves mamonazo, cumplir cincuenta no es lo mismo que llevar una sonda ni una «garrota»-.

Un abrazo y las preguntas por nuestras mujeres, aunque hablan entre ellas de lo lindo, ya se sabe que hasta en el pueblo hay que gastar la cortesía.

-¿Has venido a ver tus tierras o a recoger algo de tu casa?-.

-Nada de eso, he venido a escaparme de la urbe, a encontrarme de nuevo a mi mismo, he venido a cazar-.

-No me jodas, eso es lo que no me gusta de ti, que mates animales indefensos-.

-Tampoco a mi que andes jodiendo a los currantes del matadero con tus radicales normas, algunos son amigos míos-.

-¿Insinúas que mi trabajo no sirve de nada?-.

-No hombre, tan listo no me creo, te digo claramente que la «burrocracia» siempre me ha tocado las pelotas. Puede parecer necesaria pero solo es papeleo para los inspectores y normas que sólo han de cumplir los de abajo-.

Un silencio pesado, cansino y angosto cae de repente. Aprovecho para sacar a «Titán» del maletero y volver a darle agua. Mientras Álvaro ha entrado en la casa, sale portando dos orondas y frescas cervezas de trigo que se agradecen tal y como aprieta el «joio» Lorenzo.

Me deleito mirando los montes que surgen de entre los robles frente a su casa, bebo dos tragos y como perro viejo espero que sea el quién rompa de nuevo el hielo.

-¿Te quedas a comer?. Carmen hoy está en su pueblo cuidando a su madre así que estaremos solos dueños de la bodega-.

-Joder como me conoces. Me quedaré y así charlamos un rato y me cuentas como te va en el pueblo-.

-Perfecto macho, vamos dentro y preparo el pollo de corral para meterlo en el horno-.

-¿Crías pollos?. No será aquí porqué no se escuchan ni se ven por ningún lado-.

-No hombre dan mucho trabajo, es de un cliente nuevo que ha implementado un nuevo sistema de bienestar animal en su granja-.

-Vale vamos dentro y me lo enseñas, pero creo necesitaré otra cerveza para asimilarlo-.

 

El pollo del feliz corral con certificado de felicidad

El pollo es un pavo en miniatura, gordo como una pelota y amarillo como si le hubieran dado un chute de bilirrubina. Pelado y descabezado he de creer que es un pollo en lugar de un ornitorrinco porqué tiene forma de pollo en lugar de ornitorrinco.

-¿Joder eso es un pollo?-.

-Si, El pollo de «El feliz corral», que es como se llama la granja de mi amigo-.

Dibuja una sonrisa de satisfacción tan grande que le llena la cara entera, ni cuenta se da que he asaltado el frigorífico para «extraer» un par de «birras» más.

El pollo no sé si la llevará como condimento pero Álvaro y yo necesitamos una para la noticia que estoy a punto de darle y para la tarea que voy a acometer.

-¿Y como sabes que es de corral?-.

-Por el color amarillo-.

-¿Y el bienestar animal?-.

-Por la etiqueta-.

-¿Y que es pollo sino le ves los guevos, o lleva un «afoto» con ellos antes de quitárselos en la etiqueta?-.

-Hombre sino te fías…el etiquetado es algo muy serio…tienes unas cosas que…-.

-¿Quieres decir que puedes fiarte al 100% de una etiqueta?¿Que nunca han habido fraudes con los pollos?¿Que este  «Ejemplar» amarillento se parece en algo a los que crían las gentes de aquí en sus corrales?¿A los que crío yo en mi campo?¿En el País donde se eligen algunos políticos a dedo, del dinero evadido a paraísos fiscales, de bulos y bandoleros con y sin traje, de las facturas sin IVA?-.

-Hombre visto así, la ganadería es un negocio y cierto que han habido casos…-.

-Àlvaro eres un tío genial y tienes más estudios que un notario pero en algunas cosas aún estás «sin destetar». Llevas casi un año en el pueblo y sigues igual de «canelo» que en la ciudad. Suerte que hoy ha venido tu primo favorito-.

-¿Que vas ha hacer cabrón, que te conozco y eres bruto como un «carro volcao» como dices tú?-.

-Espabilarte porque veo que no tienes ni puta idea-.

-Vale pero no «enredes» mucho que te conozco y no quiero líos con Carmen cuando vuelva esta noche-.

-No te preocupes que aunque he andado bien cerca todavía no me he cargado a nadie-.

Salgo al coche y suelto al perro que me acompaña hasta mi casa, Abro la entumecida cerradura y encuentro el interruptor de «los plomos» tras dos telarañas y unas cuantas escolopendras. Entro en la despensa y agarro un bulto que reservaba colgado de un clavo para una ocasión especial. Enciendo la chimenea y dejo a «Titán» medio «sobado» en sofá al amor de la lumbre.

-Descansa chico que luego te traigo un buen bocado-.

Vuelvo a casa de mi primo y lo encuentro taciturno, sentado frente al pollo inflado que tiene ante sí. Dejo el bulto sobre la mesa y salgo hasta mi coche para volver cargado con el pato.

-Coge la olla más grande que tengas y ponla al fuego a calentar agua, mientras yo desplumo y «avío» mi pato destapa el jamón. Sino tienes pan en mi coche tengo una hogaza de leña de esta misma mañana-.

Obedece como un chiquillo pillado «in fraganti» robando el chocolate y las galletas del armario. Saca otras dos cervezas más y empezamos a cortar jamón y a beber como dos cosacos que vienen de campaña.

 

Un pato anónimo sin etiquetas.

Desplumo el ave a medias en su jardín entre los rosales favoritos de su mujer, las plumas una vez descompuestas servirán como un excelente abono. Entro de nuevo blandiendo mi cuchillo y tras engullir unos trozos de jamón y media cerveza comienzo la autopsia.

-Mira macho, aquí tengo un pato azulón o coll verd, un anáde real o anas platirhynchos de los de verdad, vamos a leer sus etiquetas-. Me mira entre atónito y achispado sin saber muy bien que decir.

-Estás «flipao» macho, no bebas más-.

Abro el animal del cuello hasta el ano y el «perfume» de su interior se desparrama en la cocina, si viniera ahora su mujer me echaba a patadas.

-Para empezar te diré que tu indefenso pato ha caído al tercer tiro, cuando los plomos le han tronchado el ala, después de encajar los dos primeros-.Mira con atención. -He tenido que «despenarlo» para que el animal no sufriera después de una caída de cincuenta metros-.

-¡Leches si son duros!-.

-Y listos, este ha tenido a «Titán»mareado entre los carrizos más de media hora hasta que se ha dignado a saltar. Se ha aplastado siguiendo su instinto y haciendo acopio de valor-. Más atención. -¿Ves este órgano que tiene aquí y parece una extraña pelota de cuero?-.

-¿El estómago?-.

-¡Premio!, en las aves molleja, si la abrimos quedará a nuestra vista otra etiqueta-.La corto con mi cuchillo y extraigo el pellejo amarillo dejando el contenido integro sobre un plato. Esta etiqueta dice que  ha comido maíz, arroz, migas de pan y tragado trozos de ladrillo rojo con algún perdigón de acero.-Todo bien extendido sobre el plato para que no pierda detalle, continuo manoseando, retirando tripas y coágulos de sangre.

-Huele mal el cabrón, el agua ya está hirviendo-.

-Echa el pollo de «El feliz corral» y le dices a tu amigo que estaba «de cojones», para comer ya tenemos cervezas y jamón. El hígado tiene el color acostumbrado y no hay tenias en las tripas ni el abdomen, ¿Ves estas dos judías blanquecinas y alargadas pegadas al hueso?. Son los cojones, así que ya tenemos aquí nuestro macho-.

Coloco el ave bajo el grifo para lavarlo bien, mientras escurre seguimos con el yantar y la clase de biología patera-. ¿Vas leyendo el contenido de las etiquetas?-.

-Nunca pensé que se pudiera sacar tanta información de un pájaro salvaje-.

-Las minúsculos pedazos de ladrillo nos revelan que este pato ha comido alguna vez en el estanque del parque del ayuntamiento. Es el único que yo sepa de los siete pueblos del valle que tiene el fondo cubierto de esos materiales. Los echaron hace años tras derribar el muro para evitar que crecieran las algas. El maíz dice que frecuentaba los cebos que ponen para cazar los jabalíes, alguno que esté cerca del río o la acequia madre. En este pueblo nunca se ha sembrado maíz que yo sepa, pero si se utiliza para cebar jabalíes y en los corrales las gallinas se alimentan con otra clase de grano. El arroz y el pan que ayer mismo andaba entre las patas del río a las afueras de la ciudad. Seguramente buscando novia, peleando entre ardores varoniles como demuestran los picotazos debajo del ojo y en el «cocote».

-Joder macho estoy alucinado-. Cojo de nuevo el pato y extiendo un ala sin pelar, es preciosa, guardaré algunas plumas como siempre hago.

-Mira las primeras plumas del ala, se llaman rémiges o remeras, como verás la primera es mucho más corta, y la librea del pescuezo no está definida del todo. Es un macho joven del año pasado, en la próxima muda se igualarían con las demás y el cuello tendría un verde tornasolado perfecto, igual que estos bonitos espejuelos alares.

-Joder que plumaje más bonito-.

-Mira las patas.-Extiendo la palmeada pata del pato y descubro viejas heridas.-Este desgarro largo tiene pinta de ser un anzuelo, el tramo de pesca más cercano está río arriba a siete kilómetros así que podemos situarlo también allí. Estos perfectos agujeros tan pequeños son plomos de caza, posiblemente del número diez. Es posible que en el verano se haya cruzado en medio de la cacería de codornices de algún desaprensivo. Quizá lo echaran los perros de la acequia o sobrevolara un rastrojo, seguro que bajo la piel tiene algunos más-.

-Eres el puto Sherloch holmes de los patos-.

-Que va, son simples conjeturas basadas en indicios un científico sacaría cien pistas más. Seguramente extraería tierra de entre sus plumas para ubicarlo mas certéramente  y analizaría la grasa que tiene para clavar su alimentación y buscar ratros químicos . Miraría sus huesos al microscopio y le sacaría el ADN para saber si es una raza pura o está hibridado con otra.

Cientos de indicios y razonamientos que sin el equipo y conocimientos adecuados somos incapaces de desvelar, pero te aseguro que existen.

– El pollo del feliz corral ya está, lo dejo en la pila escurriendo y enfriando-.

-El engendro ese me lo llevo yo ahora mismo que hay alguien que lo espera y no va a leer sus etiquetas-.

-¿Que vas ha hacer con el pato?-.

-Termina de desplumarlo y lo congelas, cuando vuelva haremos un escabeche que te vas a caer de culo-.

 

Despedida del pueblo

A la tarde le queda ya muy poco, apenas unos jirones de luz que atrapados quedan sobre los tejados y las hojas de los árboles.

No se que cojones tiene mi pueblo que las tardes más bonitas son las que debo partir, debe ser el merecido castigo por abandonarlo. 

Sentados en el porche de Álvaro sin cervezas ya, ambos perdemos la mirada en las cumbres del infinito, cada uno pensando en sus cosas. A mi me puede la nostalgia anticipada, cada vez me resulta más difícil partir a un lugar al que odio dejando atrás el que reconozco como mi sitio.

-Tienes dos opciones a mi entender querido Álvaro, o sigues aquí parapetado en tu casa aprovechando solamente estas vistas o te zambulles de cabeza en todo lo que te rodea. La suerte de vivir aquí no deberías desperdiciarla, de disfrutar todas las ventajas que te ofrece la vida rural-.

-Ya sabes que soy de ciudad y vine por el trabajo…pero he de reconocer que me puede el gusanillo del paseo campero con sombrero de paja, el olor de la tierra  y el agua de la fuente-.

-Tu mismo con tu mecanismo, cambia este remilgado jardín por un bonito huerto. Consigue un buen perro que te enseñara muchas cosas por el módico precio de ensuciarte la casa. Además de tener un buen amigo de por vida. Cría tus animales en lugar de comerte las etiquetas y aprovecha tu trabajo para analizar y comparar- .Sigue pensativo.

-Seguro que te llevas alguna sorpresa. Cuenta conmigo para ayudarte con todo, estoy a una simple llamada. Quién sabe si con el tiempo aprendes a leer las huellas y a controlar los pasos, idas y venidas de los animales salvajes. Sino los cazas tú yo lo haré y repartiremos la carne-.

-Lo pensaré, no te olvides lo que queda del jamón-.

-¿El jamón?. Es tuyo, corta una buena «tajá» para tu Carmen que le compense cuando descubra donde he pelado el pato-.

-¿Donde lo has pelado? Mira que eres bruto macho-.

-Lo normal, pa´ir tirando-.

Igual que un fantasma que jamás existió el pueblo desaparece desde la lejanía del retrovisor de mi coche.

Serán muchos días sin volver, demasiados, por eso prefiero recordarlo como un espejismo. Como una ilusión que se mantendrá latente en mi memoria hasta que vuelva a avistarlo de nuevo el día que retorne.

Quizá para siempre.

 

2 Comments

  1. Hay maestro… Si le dedicásemos un mínimo de tiempo a conocer y seleccionar aquello con lo que nos alimentamos, bien diferentes serían muchas cosas.

    Por el contrario, la fuerza de la costumbre y nuestra falta de inquietudes, a menudo nos lleva a despreciar manjares naturales, sanos y saludables, por el simple hecho de que tienen un color o un sabor distinto a lo que compramos en el super.

    Y ya sabes que hablo por experiencia.

    Enhorabuena por le post, como siempre.

    ¡Un abrazo y al monte!

    1. Ya lo creo, si conociéramos a fondo todas las sustancias que llevan los alimentos que ingerimos comeríamos solo maíz como los palomos.

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