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El jabón que hacían nuestras abuelas

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Hace un tiempo recordaba una anécdota que me sucedió de pequeño cierto día en el que me mordió un perro estando de veraneo en casa de unos tíos. Una puntada sin importancia, lo primero que hizo mi Tía fue lavarme el mordisco con un jabón casero que mi abuela había hecho. El médico que me visitó y me pinchó la vacuna antirrábica la felicitó por tan buen acierto. Ese jabón además de eliminar un producto de desecho del hogar desinfecta las heridas gracias a su poder antiséptico. Ese jabón no es otro que el clásico «jabón de aceite y sosa», el jabón que hacían nuestras abuelas.

 

Jabón natural como pocos

Si en algo puede alabarse a este jabón es ser natural al 90 % , salvo la sosa caústica (NaOH) un químico muy usado en el hogar para desatascar tuberías o encurtir aceitunas no lleva más aditivos indeseables. Es un producto con propiedades cosméticas, antioxidantes, astringentes y regenerantes.

La otra ventaja de el jabón que hacían nuestras abuelas es el reciclado que se hace del aceite ya usado en la cocina. El reciclaje puede parecer algo moderno pero se practica desde mucho antes que algunos «verdes» le dieran propaganda y se apuntaran al negocio, es algo tan viejo como la humanidad.

Antiguamente todos los productos que se consumían en los hogares costaban mucho esfuerzo de producir o un dinero que se ganaba con excesivo sacrificio. Por ello se utilizaban hasta agotarlos para sacarles el mayor rendimiento posible. También los utensilios de trabajo o uso cotidiano se hacían para que durarán toda la vida o al menos pudieran repararse cuando se estropearan.

 

Una receta diferente del jabón que hacían nuestras abuelas

Mis dos abuelas lo hicieron durante toda su vida, las recuerdo a veces cociendo la mezcla y vertiéndola en el molde para después cortarla una vez fría. La peste que hacía y el gasto de energía era algo que yo quería evitar. Podía «cocinarlo» al fuego en el campo pero carecía de recipiente así que busqué por la red otras formas de hacerlo con el mismo resultado.

Otra novedad que quise implementar para mejorar el original fue añadirle un aroma. Mi primera idea fueron las hojas del romero, pero recordé que tenía guardada una bolsa de flores de espliego de la cosecha del año anterior. Estaban tan secas que no había forma que se estropearan dentro del jabón y aportaran olores extraños.

 

Un trabajo sencillo a la par que laborioso

Antes de nada lo primero será hacer acopio de las materias primas y los utensilios necesarios. Para la base el susodicho aceite usado, sosa caústica para la química, flores de espliego secas para el aroma y agua. Como recipiente mezclador un cubo viejo servirá, otro bote de plástico grueso para «hervir» la sosa, una malla fina para colar el aceite y un palo para remover serán nuestros aliados.

El jabón que hacían nuestras abuelas/Reciclando/Cazadorenlaoscuridad

 

Al trabajo que para luego es tarde

Lo segundo es disolver la sosa en agua para que se diluya, alcanzará una temperatura considerable por eso la dejaremos reposar hasta que se atempere antes de mezclarla.

El jabón que hacían nuestras abuelas/Reciclando/CazadorenlaoscuridadUna vez a temperatura ambiente, la vertemos en el cubo donde haremos la masa y la removemos con un palo. Si prisa ni aspavientos, poco a poco para «marearla» y mezclarla perfectamente.

 

 

 

 

El jabón que hacían nuestras abuelas/Reciclando/CazadorenlaoscuridadEs fácil que la madera se tiña con el tanino de la corteza, para evitarlo se puede descortezar antes de usarlo, para mi no supone ningún problema añadir un colorante natural.

 

 

 

 

 

 

 

El jabón que hacían nuestras abuelas/Reciclando/CazadorenlaoscuridadSin dejar de remover, con ayuda de unos brazos voluntarios se añade el aceite poco a poco. Filtrándolo en una malla de celdillas estrechas para quitar hasta la última impureza.

 

 

 

 

 

El jabón que hacían nuestras abuelas/Reciclando/Cazadorenlaoscuridad

Llega el momento de la paciencia, de gastar brazos cuando se cansan de tantas vueltas. Se hace penoso a partir de los cuarenta minutos el remover sin descanso, además que la mezcla es cada vez más densa. Al comenzar era agua con una mínima densidad pero a estas alturas cuesta remover la crema.

 

 

 

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Para finalizar la masa hay que añadir el aroma, esta vez flores secas de espliego. Al principio se pegaban a todo pero poco a poco se fueron «acomodando».

 

 

 

 

 

 

A pesar del calor y el penoso remover sin descanso la compañía hacía más llevadera la tarde. Mis perros prefieren estar conmigo en el caluroso exterior que en el frescor del piso mojado de la casa.

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Más de una hora cuesta hacer la mezcla de el jabón que hacían nuestras abuelas, amalgamar los elementos y crear una mezcla uniforme.

Ahora llenamos los moldes, en este caso botes de cerveza vacíos que guardará la pasta hasta que se solidifique y se convierta en jabón.

Los dejaremos reposar mes y medio en verano o un par de meses en tiempo frío.

 

 

 

El acabado de el jabón que hacían nuestras abuelas

A la hora de desmoldar, parece que los restos de cerveza hicieron una reacción extraña y han dejado marcas en los tacos de jabón.

Las latas se deshacen como papel por efecto de la sosa.

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Todos los tacos llevan burbujas a causa de las pocas trazas de cerveza que pudieran quedar. Salvo uno que hice especial para mi mujer con un molde que ella me dio.

 

 

 

 

 

Con mi cuchillo de cocina saneo los tacos, hago las rodajas más pequeñas y pico las puntas para usarlo como detergente en la lavadora. Las pastillas las guardo en una caja de cartón para que absorva el exceso de humedad. El jabón picado lo dejo secar varios días y luego lo guardo en un bote metálico.

El tacto es agradable y el olor suavemente alcalino recordando al espliego y a la sosa caústica, el picado desprende más aroma y tampoco se pega en los dedos. En el vídeo se aprecia la cremosidad y lo rápido que se aclara.

 

Pruebas y resultados.

Nada mejor que las imágenes para explicarlos, la espuma sin ser abundante es suficiente para lavar y con muy poca agua se aclara. Las manos no quedan suaves ni perfumadas, huelen a restos de sosa y de espliego sin empalago. Quedan limpias con su propio tacto y un tenue olor.  

Ya he guardado una pastilla en el equipo de desuelle para lavarme bien las manos y desinfectarlas tras aviar los animales.  

Además de colocar otras en los baños para lavarse las manos y ducharme con él. El resultado es más que satisfactorio, no descarto en el futuro destilar aceites esenciales para mejorar el producto.

Visto el resultado he pedido a algún que otro familiar que me guarde su aceite usado a cambio de jabón. El aceite que usé fue está vez fue el que sobró de elaborar el lomo de orza y algún litro más que guardaba para la ocasión.

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