Primitivo, Atávico y Auténtico

Cazar para comer, la justa coartada de abatir una presa.

2 2013

El nuevo arranque del Blog ha sido todo un éxito, en la primera semana ya pasamos del centenar de suscriptores y suma y sigue. He recibido decenas de preguntas por correo y alguna que otra por otros medios. De entre todas ellas esta semana desarrollaré que lo que yo entiendo por “Cazar para comer”.

Cazar para comer, una verdad de Perogrullo.

Sin que haga falta remontarnos al remoto, al albur de los tiempos donde nuestros vetustos antepasados se batían el cobre para conseguir la pitanza, sin irnos tan atrás. Hasta hace bien poco en nuestra piel de toro las gentes seguían las leyes no escritas de cazar para comer.

Antes de la llegada del necesario desahogo económico del pueblo llano, de la consiguiente y putrefacta especulación mercantil de la caza mercenaria nuestros abuelos completaron su parca dieta gracias a la Caza. Previamente a la arribada de toda esa suerte de artilugios más o menos legales y muy poco éticos que la “deslavazan” y prostituyen. La Caza se regía por leyes milenarias tan sagradas como es la lucha del predador y su presa.

Nuestra pasión no ha sido ajena por desgracia a la regresión de una sociedad que ha perdido el norte en todos los aspectos. Una sociedad egoísta y consumista que no entiende de leyes ancestrales. Que no respeta ni personas ni animales, que  hace demasiado perdió de vista sus raíces. Exenta de la memoria necesaria para evolucionar.

Hoy en los Países “civilizados” se arrojan a la basura más alimentos de los que son necesarios para extinguir la pobreza de los otros que por desgracia han de vivir de la caridad.

Tiempos de melindre y olvido.

El nuestro no es ninguna excepción, se nos ha olvidado demasiado pronto que hace cuatro días una dura postguerra mordía con fiereza el vacío estómago de la gente y hacer tres comidas diarias era una quimera. Hoy día con el supermercado repleto de “suculentas viandas” en la misma puerta de casa ya ni nos acordamos del hambre ni de quienes lo sufrieron.

Como arrasan la mirada esas personas mayores que en un banquete popular, llámese boda, bautizo o cena de hermandad. Cuando ven desperdiciar kilos de comida que irán a parar al contenedor.

Como se les pierde el pensamiento recordando su infancia cuando un tosco mendrugo de pan duro y negro era toda su “merienda” para pasar el día.   

Los tiempos mandan y por desgracia “es lo que hay”, pagar, comprar y tirar lo que sobra, cuando parece que algo nos sobra. Son tiempos donde los pollos nacen envasados en los arcones del “super”, alimentados con piensos y cereales tratados en laboratorios que sin dada nutren más el bolsillo de sus “creadores” que nuestra salud. Donde se engordan los animales de manera industrial en tiempo récord y condiciones más que discutibles.

Desplumar una paloma solo se ve en los documentales y el aviado de una res suena a ciencia ficción.

La injusticia hecha carne.

La carne de caza ya no vale, su textura y sabor ya no tienen cabida en la mesa acostumbradas al cochino de granja y al pollo plastificado mucho más suaves y” blanquitos”. El trabajo de limpiar una canal y sacar las piezas de carne para su posterior consumo ya no “trae cuenta” y el respeto que se debe a toda pieza cazada ya se olvidó hace mucho. Y eso que de un tiempo a esta parte se escuchan las voces de los gurús de la alimentación saludable y la dieta mediterránea donde la carne de caza brilla por su ausencia.

A pesar de la reciente moda del senderismo y de toda esa fiebre por volver al campo en plan turista para “captar sus esencias”. Produce cierta sorna observar las hordas de urbanitas desembarcar en los pueblos o el campo “Decathloninamente” uniformados.

Una paletada más, otra muestra de que hay quién sigue sin tener ni puta idea al intentar “volver al pueblo” donde los pollos” de corral” llevan la piel pintada de amarillo. Para llevarse a la gran urbe la miel más “pura y casera”, los morenos huevos con cagarruta denominación de origen o una ristra de chorizos matanceros. La sorpresa que se van a llevar cuando se enteren que las leyes prohíben la cría de ganado para autoconsumo y castigan su venta como delito.

Que sus “delicias” típicas y oriundas del agro pagadas a precio de oro son el resultado de un proceso en mayor o menor medida industrial.

Lo más doloroso, la desidia del “cazador”.

Sin duda la parte más cruel del asunto, más que el olvido es el abandono de los recientes cadáveres en el monte. Descabezados sin la mínima dignidad que merecen se pudren al Sol o son enterrados en común fosa.

Si esto es el progreso yo me descojono, si olvidar los principios fundamentales de la vida es avanzar yo me vuelvo ahora mismo a la incivilizada caverna.

El “cazador” moderno gasta un dineral en papeleos, seguros y licencias, aprende el manejo y uso de las armas y las técnicas necesarias para abatir sus codiciadas piezas. Mientras pasa por alto la parte más esencial, la higienización y consumo de sus carnes. Desembolsa otra importante cantidad en visores, armas, municiones y equipos pero los cuchillos que compra solo sirven para rematar o ponerse un bocadillo.

Olvidando la parte fundamental de la caza que no cuesta dinero y es mucho más necesaria que todo lo demás, El respeto hacia su oponente, hacia el animal que ha vencido.

A día de hoy es para mi inverosímil atisbar que siente la conciencia de un “Individuo” que tras cortar la cabeza a un jabalí o venado lo deja allí tirado porque no sabe como arreglarlo.  Sigo sin comprender a quién mata a escopetazos media docena de palomas y ni siquiera las recoge porque no quiere pelarlas.

Que conste en la correspondiente acta digo individuo con la abstracta intención que cada cuál utilice el calificativo más conveniente.

Lo que si tengo muy claro es que jamás podrán considerarse CAZADORES. Por mucho que presuman de alfombras de perdices fotografiadas o tener las paredes de su casa “alicatadas” de “cuernas” y “bocas”.

Cazar para comer, la resistencia.

Por suerte no todo está perdido, mientras esperamos que algún prócer de la “Nouvelle cuisine” televisivo o no caiga en la cuenta de la tremenda ignominia que sufre la mejor carne del mundo. Muchos Cazadores y sus allegados disfrutamos de lo lindo de sus bondades.  Asociaciones como la Ace más han promocionado su consumo a través de impactantes, ingeniosas y bonitas campañas. Además del gozo que encuentran algunas gentes más o menos anónimas en difundir recetas por las redes entre las que modestamente me encuentro. Todo sea por Cazar para comer.

En tiempos en los que  analizar un jabalí precisa de mensajero y digestómetro, Cuando hemos llegado a la era donde nuestros alimentos los controlan cuatro multinacionales. Seguiremos pelando liebres, conejos, patos, perdices y palomas. Ahora que intentan vendernos la moto de la carne sintética como la panacea ecológica y salvadora. el olor de mi cocina seguirá siendo fuerte cada vez que sofría una recia caldereta.

¿Y ustedes, gustan?

 

 

 

 

 

2 Comments

  1. Gran post Lobaco y muy buena la frase: “A pesar de la reciente moda del senderismo y de toda esa fiebre por volver al campo en plan turista para “captar sus esencias”. Produce cierta sorna observar las hordas de urbanitas desembarcar en los pueblos o el campo “Decathloninamente” uniformados.”

    Me da cierta pena ver a los domingueros totalmente uniformados, con palos de apoyo e incluso rastrojeras, para darse un paseo por los caminos… Puro postureo.

    Y lo peor es que el lunes, gracias al paseo dominical, ya se consideran expertos en el medio y se ven en la necesidad de ofrecer lecciones a los demás en materia de gestión, conservación, caza, etc.

    En fin, los “cavernícolas” seguiremos disfrutando del monte en estado puro, así como de las riquezas que nos ofrece la Madre Naturaleza.

    Un saludo

    1. Tendremos que sufrirlos en silencio como las hemorroides hasta el día que se “enfangan” con el 4×4 que no saben conducir y nos toca sacarles del apuro.
      El día que me de por cobrar los rescates…

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