Primitivo, Atávico y Auténtico

La suerte acabada, Cartas a un Matarife. Carta Segunda.

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Carta Segunda al Matarife.

Te has vuelto a “salir de rositas” pero te han temblado todos “los palos del sombrajo”. Eres un puto Matarife con la suerte acabada. El juez te ha soltado por ser el necesario sostén de tu familia. No porque le dieras lástima como pretendías con tu servil y lastimosa declaración. No lo reconocerás jamás pero estabas cagado de miedo. Lo he visto con mis propios ojos igual que te observo en este momento.

Ahora mismo mientras lees estas líneas que he dejado en el parabrisas de tu coche veo claramente la ruina en que te has convertido.
Aquí, en el banco bajo la higuera estoy sentado, esperándote por si tienes algún “recao” para mí. Ahora que están las cartas boca arriba sobre el tapete, ahora que sabes que fui yo quién te denunció. Esta vez no te valdrán tus bravatas si quieres decirme algo tendrá que ser a la cara como hacen los hombres sin miedo.

Pero no se me va de la mente el pobre corcino agonizante y tu cara de satisfacción mientras lo metías en el coche aún vivo.  No me entra en la cabeza, será que no tengo conciencia de Matarife como tú. Cualquiera con un mínimo de sensibilidad al ver tamaña atrocidad te daría un par de sopapos sin dejar de ser buena persona. A mi personalmente me costó mucho contenerme.

Pudiera ser que tu abogado consiguiera rebajarte la multa que será gorda, yo espero que no. Que tengas que trabajar mucho para pagarla porque “currante” eres, una de tus escasas virtudes. Quizá porqué necesites la pasta para pagar las cervezas de tu “respetable” publico, pero ya no será lo mismo.

Las largas horas de reflexión que pasaste en el calabozo te han hecho dudar de ti mismo por primera vez en tu vida. Mi carta te llegó hallándote totalmente desarmado y te ha inducido a pensar. Y las dudas son tu punto flaco, tu mujer ya no te teme porque su amante es mucho más grande que tú y tus hijos han crecido y son más difíciles de pegar.

 

Y mira que hace ya mucho tiempo fuimos amigos o así lo creí yo.

Cuando de novato me encandilaste con tus palabras y llegué a pensar que eras un auténtico Maestro en artes caceras. También creí que todas las animaladas que contaban de ti eran exageraciones, que no podías ser tan cabrón.

Pero me bastó aprender cuatro cosas y convencerme que tu proceder era el de un canalla. Un maldito Matarife canalla que solo caza para hacer un puto circo. Un malnacido que mató un precioso Macho Montés solo para colgar sus cuernos. Quizá inútilmente pensaba que eran mas grandes que los suyos.

Te dejé, abandoné tus artes sin practicarlas y te supo a cuerno quemado. Entendí que solo serías mi amigo si “bailaba el son que tu tocabas”. Harto de aguantar tu prepotencia, tus salidas de tono, tus burlas cuando lo único que me enseñabas era trapacerías y a creerme un segundón. Necesitabas un vocero para tus hazañas y yo me negué siquiera a susurrarlas.

Así que mientras pensabas que no sería capaz de dar un paso sin ti recorrí el coto de cabo a rabo, yo solo con mis “dos cojones. Mientras tú quemabas pólvora temporada tras temporada yo aprendí a disparar con palomas y zorzales los que nunca me dejaste tirar porque no te parecían dignos de un cazador. Como si tú lo hubieras sido alguna vez.

Después vinieron mis perros, infinitamente mejor adiestrados, queridos, alimentados y tratados que los tuyos cazaban más y mejor aunque sea por agradecimiento. Mientras tu les pegas para quitarles los conejos de la boca a mi me los traen y me los ceden meneando el rabo.

No creas que no fui consciente que seguías mis pasos e indagabas sobre mis progresos. De cómo me observabas en la distancia y te ponías en mis puestos cuando yo me quitaba. Tiras a todas sin descanso un día tras otro, destrozas las querencias, a cualquier distancia aunque solo las pinches.

Robas los buenos puestos porque eres incapaz de encontrar los pasos tu solo. Destrozas preciosas encinas y matorrales para hacerte un puesto donde tardarán meses en entrar sin recelos en lugar de aprender sus costumbres. No tienes remedio, año tras año sigues sin tener ni puta idea.

 

Con las perdices eres igual.

Recuerdo un año que mataste media docena el primer día y entraste al bar exultante, a voces para que todo el mundo se enterara. Me lo escupiste a la cara y te contesté lo mismo que te contestaría ahora.

-Por culpa de ansiosos como tú y tus colegas pronto serán un vago recuerdo-.

No las amas ni respetas solo las codicias, las persigues casi corriendo con saña, maldiciéndolas cuando las fallas que dicho sea de paso es casi siempre. Pocas veces he visto tanta avaricia en un rostro como una mañana en que te vi siguiendo una que habías herido. Jamás se me olvidará esa expresión. Tu no me viste, ni me verás mientras lleves los ojos inyectados en sangre de rabia pura.

Con los corzos y cochinos haces lo mismo, les tiras cuando te salen aunque sea con cartuchos de perdigón del siete. Hiriéndolos de mala manera y acumulando otra más en el desván de tus barbaridades. Con unos cuantos “colegas” montas un gancho donde te parece faltaría más no poder hacer como dices “lo que me sale de los guevos”.

Tampoco se me escapa que has intentado “mojarme la oreja” un año tras otro, intentando imitarme sin conseguirlo según fuera el caso. Cuando habían codornices y yo mataba veinte te las dejaba caer en el bar sin reparo.Tras tus ojos afloraba una envidia que te hacía rechinar los dientes.

Cuando mis perchas de torcaces volvieron a despertar tu codicia hasta el punto de madrugar más que yo para ocupar mis puestos. Me bastó adelantarme cien metros para abatir las palomas en tus “morros“ y una vez más “hacerte tragar quina”. Y no fue poca, también conmigo te llegó la hora de tener la suerte acabada.

Y ahora por fin te has dado cuenta que no me haces ninguna falta. Que mato los cochinos sin más ayuda que mi instinto y mi pasión te ha dado el “aberrunto” de dártelas de Aguardista. Qué casualidad hombre viste que tenía un teckel y tu sabueso ya tiene una foto junto a un jabalí aunque no le haga ni puto caso.

 

La suerte acabada.

Te maldije muchas veces y sin embargo ahora me das pena. Tus andares cojitrancos y tu cabeza gacha me hacen pensar que estás comenzando a pagar algunas de tus barbaridades. Esas que por olvidadas pensabas que te iban a salirte de balde. Tu castillo de naipes se desmorona a marchas forzadas. Comienzas a sentirte inseguro y ya no te fías ni de tu sombra que era la única que te aguantaba hasta ahora.

No creo tener derecho a dar consejos a nadie, al menos sin que me los pidan. Pero a un  Matarife, a un fantoche con la suerte acabada me voy a permitir el lujo de dárselos. Aunque solo sea por resarcirme de los malos ratos que me has hecho pasar.

Piérdete macho, vete muy lejos donde nadie te conozca. Deja a tu familia en paz que mejor les irá sin ti. Empieza de nuevo y aprende. Aprende a ser un hombre en lugar de su vil caricatura.

Un hombre que respeta a los demás y no se cree con más derecho que nadie por ser más trabajador, más bebedor o más osado. La osadía puede ser una virtud, pero para eso debe ir acompañada de la humildad. Tú esa palabra no la conoces, su significado tampoco pero ya es hora que lo aprendas.

Me largo, no vas a venir y ya has tenido bastante. Si continuas haciendo de las tuyas tendrás todavía más.

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