Donde quiera que estés…hasta siempre.

Fue mirarte y descubrir que tú hora había llegado

en el fondo de tus pupilas se adivinaba  el cruel estrago.

Por más que quise ignorarlo para aferrarte a mi lado

la muerte a ti te arrastraba sin el mínimo reparo.

Imposible ganarle a la parca, me conformé con afrontarlo

aliviarle la carga a tus huesos triste y maldito trabajo.

No quería abandonarte en el triste y frío dispensario

Para que no terminaras tus días sintiendo soledad y desmayo.

Sin aliento tu cuerpo cargué por el monte que juntos cazamos

para dejarte a la sombra de un árbol temblando mi voz y mis manos.

Despedirme de ti fue peor que el más cruel de los hachazos.

Tus ojos color caramelo para nada me reprocharon

suplicando por dejar de sufrir una última vez me miraron,

dejándome el corazón torcido, molido y quebrado.

Un brutal y cruel estruendo termino al fin el mal trago

de tu pecho atrozmente brotó un maligno clavel encarnado.

Que tú vida acabó para siempre era hecho consumado.

Siniestro fue el estampido del fusil asesino y amargo

Que tu muerte la pregonase un negro cuervo graznando.

Mas que una losa le pesa a mi alma el lamento resucitado

de que fue mi valor y mi pena los que te ejecutaron.

Categorías: Perros | Deja un comentario

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